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La Blanca
Fui el otro día, después de comer mi tupperware reglamentario al Starbucks para terminar con algo dulcecito, como postre. El camarero me atendió con la simpatía habitual de los starbuckeanos: y yo canturreé eso de quiero un café con leche y una cupcake de las pequeñitas, de esas que se llaman “petit delicatessen”.
El camarero me preguntó qué cupcake quería. Yo le señalé en el cristal de la vitrina y le dije “esa, la normal”. Él insistió: ¿cuál es la normal? Y yo le dije, sin titubeos: la blanca.
Después de un segundo de shock, el camarero y yo rompimos a reir por lo absurdo de la situación: acababa de decirle a un camarero mulato que “lo normal” es lo blanco. Metedura de pata hasta la cintura. Prejuicios inconscientes, que vienen casi de serie y de los que todavía no puedo desprenderme a pesar de que sé que lo normal es solo un concepto de la curva de Gauss.
Y al Séptimo día: Café y Finanzas

Cafetín Financiero
Es una costumbre muy mía seguir de cerca a las personas que tienen talento. Siempre pienso que algo se me pegará o en su defecto, algo aprenderé. Por eso no me pierdo ni uno sólo de los Cafés y Finanzas que organizan Millán Berzosa, Miki y Jaime Estévez; aunque muy a mi pesar, ya no habrá más ediciones del selecto evento.
El sábado pasado fui al número 7, donde Marc Vidal y Julen Basagoiti nos hablaron del liderazgo en las empresas de internet. Un tema interesante para una “recursera humanera” como he sido en mis años mozos; también es interesante por mi trabajo actual; la estrategia empresarial y la gestión del cambio. La conclusión principal que yo saqué entre sorbo y sorbo del rico café que me pedí (pagado por los patrocinadores de café y finanzas) es que el liderazgo es liderazgo, sea en una empresa tradicional o en una empresa 2.0; y España necesita una nueva ola de ejecutivos, bien formados, dispuestos a delegar y sin miedo a los cambios.
También tengo un párrafo en la manga para dedicarle a Marc Vidal. Para los que no lo sepan, Marc es un fuera de serie: tiene su propia empresa, le llaman para dar conferencias y es un blogger de los notables. No hay más que oirle criticar al gobierno para darse cuenta de que el tío sabe de qué está hablando. La verdad es si fuera asturiano, pensaría que Marc Vidal es una especie de semidios; pero que no cunda el pánico: es catalán

Marc Vidal y Miri
Cuando da conferencias en universidades, Marc pregunta al auditorio cuántos de los allí presentes (estudiantes de últimos cursos casi siempre) tienen pensado emprender un negocio en los próximos cinco años. Apenas nadie levanta la mano. Después, pregunta cuántos de los presentes quieren opositar. Y entonces, muchisimos de esos estudiantes levantan la mano: todos quieren ser opositores.
En el café y finanzas Marc nos decía que hacen falta emprendedores en España; y no este sentimiento de atonía social que él percibe por parte de los jóvenes. ¿Qué pasa con la juventud, por qué quieren ser funcionarios?
Yo nunca me he planteado ser funcionaria (no creo que sea capaz de aprobar unas oposiciones con mi limitada inteligencia), y no me considero dentro de ese grupo de ”jóvenes”, puesto que hace cuatro años que terminé la carrera. Pero puedo ponerme en la piel de esas personas que salen ahora de la Universidad y decirle a Marc Vidal por dónde creo yo que van los tiros.
Los jóvenes de hoy no emprenden porque no saben cómo hacerlo. Cuando yo terminé la carrera, sabía paso a paso qué acciones debía llevar a cabo para hacer el examen para PIR (psicóloga interina residente). Pero nadie me explicó qué debía hacer para montar una consulta por mi cuenta (por ejemplo). Así que creo que la Universidad tiene parte de culpa: desde antes del Plan Bolonia se viene hablando de una desconexión entre la sociedad y la Universidad, y que los jóvenes no emprendan constituye otro síntoma de ello. ¡Pero si ni siquiera tenemos clases prácticas de verdad, cómo van a inculcarnos el espíritu empresarial!
En segundo lugar, los jóvenes de hoy no emprenden porque el contexto económico español no invita a ello. Si teniendo un trabajo por cuenta ajena y ahorrando para una cuenta vivienda desde los 25 años es prácticamente imposible comprarse un piso / pagar un alquiler; ¿cómo van a asumir el riesgo económico de emprender aquellos que quieran independizarse y formar una familia? Supondría posponer ciertos objetivos vitales en favor de ese emprendimiento, y me huelo yo que los jóvenes de hoy día trabajan para vivir, no viven para trabajar.
Cierro con una reflexión. Y es que yo no he montado jamás una empresa, no soy autónoma ni freelance. Trabajo por cuenta ajena desde hace cinco años, el inicio de mi corta vida laboral. PERO YO EMPRENDO. Cada día en mi puesto de trabajo me parto la cara con quien haga falta para estar orgullosa de mi empresa. Pongo sobre la mesa el mismo esfuerzo (y me atrevería a decir que incluso más) que cualquier empresario en encontrar soluciones creativas y dinamizar los grupos de trabajo con los que coopero. Y me niego, me niego rotundamente, a decir que solo son emprendedores los que pagan cuotas de autónomo a la seguridad social. También hay emprendedores por cuenta ajena. Y esos, Marc, son los que no levantan la mano cuando tu preguntas si van a montar una empresa, pero tampoco la levantarán para ser funcionarios
Cafeínas en Sevilla
¿Ves esa chica rubia, que carga con una bicicleta y un bolso-mochila amarilla con mariposas? Sí, la que tiene los ojos verdes y casi tan grandes como su sonrisa.
Esa chica es Lifestraveller. Y yo tomé un café con ella en la Alameda de Hércules, en Sevilla, mientras en el EBE hacían la foto de familia (por eso no salgo).
Me encantó compartir un ratito con ella porque es una persona de las que te contagia la energía. Una mujer fuerte, con las ideas claras, con metas y objetivos. Y aunque diga que no, está en una excelente forma física: cruzamos media Sevilla a un ritmo que ya quisieran muchos corredores de marcha olímpica.
Fue la única persona de todo el fin de semana que me contó cosas sobre la Giralda, el Archivo de Indianos, en Alcázar y la Semana Santa sevillana. Fue la parte más cultural de mi viaje y también la más activa.
Pero los cafés no terminaban ahí. Al día siguiente Arol, Wilsoke y yo tomamos un café con Antonio y Nesta, que son dos de los lectores más grandes que tiene este humilde blog. Para mí fue un momento de conversaciones tranquilas e inteligentes, en el que aprendí la diferencia entre leer este blog y escribirlo. Dos puntos de vista que, si bien son complementarios, también son opuestos.
Antonio fue extremadamente puntual. De hecho, él ya nos observaba pacientemente mientras Wilsoke, Arol y yo terminábamos de desayunar con toda la parsimonia. Su saludo fue efusivo y cariñoso, y en su mirada pude ver la alegría de convertir (por fin) en algo real eso que cada día lee en un blog. Mirichán existe, igual que Teruel.
Tengo que darle las gracias porque fue la unica persona en todo un fin de semana dentro de un congreso de blogs que me dió una idea de mejora para Expatriada en Rumania, y aunque lo hizo sin darse cuenta (con el estilo que la genialidad confiere, en definitiva), quedó apuntada en mi vieja moleskine (que por cierto, ya tiene sucesora; casualmente un regalo suyo!).
Nesta llegó montado en su bici, y me sorprendió por lo alto y esbelto que es, además de por toda la tranquilidad que transmite. Tiene un punto tímido, pero había de fondo una sensación de familiaridad muy bonita. Nesta es la templanza y la prudencia, un observador que aprovecha cualquier ocasión para aprender. Quizá comparte algo más que el nombre con el viejo Neruda: la diplomacia.
Me sigue emocionando mucho quedar con personas que me conocen porque me leen. Sigue siendo cierto eso de que una imagen, vale más que mil palabras (o posts y comentarios!).

Wil, yo, Arol y Antonio. Fotografía de Nesta.

Antonio y yo, pidiendo un deseo. Arol y Nesta, divertidos. Foto de Wilsoke.
Primer desayuno de septiembre
Una curiosidad muy divertida que he aprendido el otro día es que cada año, el 1 de septiembre cae de mismo día de la semana que el 1 de diciembre. He revisado un montón de calendarios y siempre se cumple. Todavía no entiendo muy bien por qué, aunque estoy en ello: creo que tiene algo que ver con que entre el 1 de septiembre y el 1 de diciembre hay exactamente 91 días. Al dividir 91 entre 7 días que tiene la semana, sale 13 exacto, que además de ser impar es primo. Me da a mí que los tiros van por ahí, pero aún no he llegado a verlo con claridad. (Se agradecen aportaciones!).
Pasando al tema central del post, os presento un “Aquí hay Tomate”. Se trata de dos tostadas de pan de esas que se venden envasadas (y son realmente baratas!) con tomate rallado por encima y media tortilla francesa coronando cada una. Es un típico desayuno “Aquí hay Tomate”, porque aunque a primera vista puede que no lo veas, el tomate está ahí listo para ser disfrutado. Y por supuesto, con un cafetín: eso que no falte.

Quien tiene un blog, tiene un tesoro.
Todos los que escribimos de forma asidua un blog o algo parecido soñamos, en secreto, con que un día un magnate de internet nos descubrirá y nos solucionará la vida de alguna forma inimaginable. La verdad es que si sumara todas las horas que invierto aquí y les pusiera precio, ya habría superado el millón de pelas con total seguridad.
Mientras espero a que el tal magnate de internet me descubra, sigo disfrutando de los pequeños regalos que mi blog me va haciendo para premiar mi constancia. Gracias a esto de escribir, he tenido la posibilidad de hacer cosas chachis pirulis, como aquella vez que los de cucharete me invitaron a un chuletón, o aquella otra vez que organicé una cadena de postales de Navidad.

¡Es genial tener amigos!
Pero si hay algo que he hecho a raíz de bloguear es conocer personas que de otra forma, habría sido muy poco probable que hubiera incorporado a mi vida. Cafés en Madrid, cafés en Asturias, ¡¡hasta un viaje a la mismísima Suiza!! Y el otro día, superé lo insuperable: quedé para pasar la tarde con Nat, otra de esas personas que escribe para sentirse más libre.
Nat es una persona excepcional. Desde el minuto cero me sentí cómoda con ella, disfrutando de nuestro café en uno de los rincones más únicos de Valparaíso. Hablamos de muchísimas cosas, y me dí cuenta de que, a pesar de que nos separan doce mil kilómetros, nos unen nuestros blogs y nuestras inquietudes. Viajar, crecer, aprender, evolucionar, sentir… y soñar. Y es que, con ese brillo en los ojos, la inteligencia se abre camino en Nat para demostrarnos a todos que no tenemos que creernos eso de que el mundo es un lugar cuadriculado.
Quien tiene un amigo tiene un tesoro.
Quien tiene un blog, también.
Hotel Marriot

Al lado de Times Square, escondido pero interesante
Hay en Nueva York, muy cerca de Times Square, otro de esos rincones que seguramente no aparecen en la mayoría de las guías, pero que merece la pena descubrir. Se trata del Hotel Marriot: un hotel que tiene una cafetería restaurante en su piso 48. Para llegar a esa altura, hay que coger unos ascensores que son supersónicos: van más rapido de un piso por segundo. El café es caro, pero merece la pena gastarse unos pocos de dólares porque el restaurante es giratorio: tomas tu café a la vez que vas girando y descubriendo las vistas de Nueva York. Una vuelta completa es una hora, así que bien vale los 5 dólares que tuve que pagar por un café, que además es de los que te rellenan la taza las veces que haga falta.
Hablando de tazas… aquí fue donde cumplí una tradición del viaje y robé la taza de Nueva York. Como se ve en la foto, es una taza sencilla, de loza blanca, algo más pequeña que una mug convencional; que ahora mismo descansa junto con mis otros trofeos viajeriles en la estantería de mi habitación. Eso sí: mientras esperaba al ascensor para bajar los 48 pisos estaba segura de que la camarera saldría a por mí, que me cachearían, encontrarían la taza y me deportarían. Afortunadamente, todo quedó en una descarga de adrenalina y poco más.
Desayunos en NY
¿Por donde empiezo a contar un viaje de dos semanas lleno de anécdotas y cosas que contar? Pues por el principio de todo: el desayuno. Nueva York en particular y Estados Unidos en general tienen una gastronomía que es pobre y letal a partes iguales. Pobre porque no hay comidas tipicas más allá de las globalizadas hamburguesas y perritos; letal porque comas lo que comas, ten por seguro que de dieta mediterránea no tendrá nada.
Como ya sabemos todos, los desayunos son una parte muy importante de mi día. Me levanto con hambre, y en Nueva York mucho más: tenía que prepararme para las largas caminatas por la ciudad. Uno de los desayunos que más veces repetí fueron las muffin, o magdalenas gigantes (XXL). Las tienen de todos los sabores (chocolate, blueberry, cinamon, etc.) y llegué a comer alguna que estaría cerca de los 400 gramos de peso. Acompañando a la muffin, un café con leche, que allí se compone de un vaso de café hasta arriba (es un café bastante aguado o ralo, como decimos en Boal) y una gota de leche. Al principio está bastante asqueroso, pero cuando te acostumbras se hace llevadero.

Café y muffin. Foto realizada por mí en NYC (-:
Cereal y yo hemos hecho muchas fotos a los desayunos que hemos tomado en la Gran Manzana. Así que a preparar las despensas, porque prometo ataques de hambre matutina durante unos cuantos domingos!
Desa y Uno

Hay que tener humor...
Este no es el desayuno real que he tomado hoy, porque he pasado este finde en Asturias. De todas formas, es un desayuno, compuesto de: un té con leche, un poco de pan con jamón de york y un actimel con trocitos de naranja. (Recomiendo muchisimamente ese actimel, en realidad es de marca auchamp y mil veces más barato, pero tiene trocitos de naranja y sabe a mandarinas: bue-ni-si-mo).
No sé por qué; me gusta escribir post sobre mis desayunos. Son los que menos lectores tienen, pero me gusta ver retrospectivamente lo que he ido desayunando unos días y otros. Es como ver la evolución de una vida viendo el álbum de los desayunos: primero desayunaba un biberón con solo leche. Luego, cuando era niña e iba al cole, un colacao. En la universidad me pasé al café, y cuando empecé a trabajar, al capuccino. Ahora, que no sé muy bien en qué fase estoy, desayuno té.
Miriam cambia, sus desayunos también
¿Tu sigues desayunando lo mismo que hace diez años?
Café Gijón
Junto con un buen amigo estoy haciendo la “Ruta Juan Valdés” por Madrid. Consiste esta ruta en quedar los jueves, después de trabajar, y escoger cada día un café distinto donde disfrutar de nuestra tertulia, que como en el caso de los grandes literatos, suele tratar bastante de cine, libros y filosofías de la vida. Yo tengo la teoría de que las personas con gafas hablan de cosas más interesantes que las personas sin gafas; la pena es que mi oculista no quiere ponérmelas. Pero mi amigo si que las lleva, y además es de esas personas que calla más que habla…
El caso es que para inaugurar nuestra ruta decidimos empezar por el mítico Café Gijón de Madrid, que está en el Paseo de Recoletos.

Así es por fuera: ya se nota algo especial.
El café Gijón está abierto desde 1888, y su primer propietario fue un asturiano, Gumersindo García. No sé si sería por el café o por el ambiente, pero empezaron a visitarlo personas tan importantes como Pio Baroja (y yo me pregunto si allí escribiría Pío “La Busca”, y si el resto de sus amigos escritores se reirían de él por llamarse Pío, porque tiene tela…); Jacinto Benavente (que para mi que allí entrevistaba a los actores para “Los Intereses Creados”, y al final contrató a los que le invitaron al carajillo); Valle Inclán (que me lo imagino manchándose la barba con el descafeinado, porque él tomaba descafeinado para no convertirse en un esperpento); Severo Ochoa (quien harto de que sólo hablaran de libros, dicen que un día llegó con un libro de su paisano Jovellanos y que todos los demás se mofaron de él…); ¡¡tantos y tan importantes todos!!

El Gran Café Gijón
Pedimos dos capuccinos, que nos daba pena terminar porque el café era sublime; un sabor perfecto. Estaban tan buenos que no nos dolió pagar los cinco euros que costaba cada capuccino… porque además era una tarde de celebración (ya no soy una lacra de la sociedad); y porque todos hemos pagado mucho más por tomar una copa en cualquier sitio con menos solera.
En la mesa de al lado había una pareja que entre los dos sumaba más de 125 años; y que no dejaban de hacerse fotos y de reírse, con una risa contagiosa que a Safran y a mí nos hizo sonreír un par de veces. El camarero no parecía un camarero; iba con un traje de chaqueta que aparentaba más clase que nuestra propia ropa. En la mesa del otro lado, un señor de unos 40 leyendo a Cela. Genial ambiente el café Gijón, aunque un poco caro para frecuentarlo muy a menudo… y es que aunque el dinero no da la felicidad, si que paga los cafés.
Conociendo a Ramma.
Sonrisa permanente, ojos brillantes, mirada seductora. Las manos suavísimas, la conversación divertida y un toque de travesura que hace que parezca un niño pequeño, sobre todo cuando se lleva las manos a la cabeza y una risa se le escapa.
Ése es Ramma. Por fin nos hemos puesto tres dimensiones. ¡Ha sido tan fácil tomar ese café con él! ¡Se han pasado tan rápido las tres horas! Y sobre todo: ¡tiene cosas tan interesantes que contar! Detrás de cada persona se esconde una historia, pero en este caso me atrevo a decir que es justo al revés: detrás de una historia se esconde una persona. Y es que Ramma no es sólo las circunstancias que vive ahora; hay mucho más por descubrir. Un Ramma valiente, decidido, sensible, y muy enamorado. ¿De quién? Oh, esa es historia para otro post… ¡que espero que algún día se anime a escribir él mismo!

Ramma Y Miri

