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La Gioconda
Me encanta el arte, y cuanto más aprendo, más me encanta. Últimamente me entran ganas de pintar, y ya tengo varias ideas para llevar a cabo: un propio estilo que llamaré Mirichaniano.
Últimamente estoy leyendo mucho y estoy descubriendo algunas cosas que me llaman la atención. Por ejemplo, que Mondrian no usó nunca el color verde en sus cuadros. O que en Berlín cancelaron la primera exposición de “El Grito” de Munch porque la consideraban una obra agresiva.
Doce años...
Pero la curiosidad más grande sin duda tiene que ver con el famoso cuadro de “La Monalisa” (o La Gioconda, como prefiráis). Y es que Leonardo Da Vinci tardó DOCE AÑOS en pintarle la boca. Aunque en los libros de arte dice que Da Vinci tardó tres años en pintar el cuadro, la realidad es que retocó la boca de la Gioconda muchísimas veces después, hasta que trás doce años de pequeñas modificaciones, decidió que estaba perfecta. Con razón es una sonrisa tan misteriosa, que aparece solo cuando no le miras directamente a los labios.
Así que mi idea inicial de pintar un cuadro en un par de tardes parece poco viable. O quizá es que a mí me va mas el readymade de Duchamp.
Factory Girl

Póster de la peli
Factory Girl es el título de una película que ocupó hora y media de mi vida. No la recomendaría si no pensara que merece que le dediquemos ese tiempo.
Al hilo de esto, no hace mucho tiempo hablaba yo con un amigo sobre lo preocupante que es que en la vida no habrá tiempo para leer todos los libros que querríamos leer o para ver todas las pelis que nos interesaría ver. Ni siquiera aunque no se escribiera ni un libro más podríamos leer todos los que ya están escritos, y lo mismo se aplica al cine, la música, el arte… ¡¡los blogs!! Concluíamos con que posiblemente el truco es aprender a ser muy selectivo y compartir los fiascos y los aciertos. Nuestro tiempo nos importa.
Pero vamos al grano, que como siempre, me voy por las ramas, bulbos y demás ciberflora. Yo he venido aquí a hablar de la película que he visto, que cuenta, en tono autobiográfico, la vida de Eddie, una chica joven, guapa y con ganas de comerse el mundo que convivió con Andy Warhol en pleno boom del pop art. Una película que narra desde el lado más decadente, cómo se vive en el mundo de los artistas, qué hay detrás de toda esa extravagancia y del lado bohemio que los mas aburridos nos cansamos de envidiar.
Una peli muy recomendable si te gusta el arte y disfrutas con los testimonios, por no hablar de la interesante estética que se muestra; y es que (pop art + años 60 + Nueva York)∞ es una combinación que no deja indiferente a nadie.
Sinfónica de Chile

Este fin de semana pasado fui a ver la Orquesta Sinfónica de Chile. Por el módico precio de 8000 pesos (algo más de 10 euros) disfruté de casi dos horas de música desde la tercera fila del teatro. Es una pena que en España la música sea un privilegio para unos pocos, cuando estoy fuera es de las pocas cosas que importaría a mi país.
Además de Haydn y su Sinfonía 101 (la del reloj), y de La arlesiana de Bizet, pusieron en marcha una obra más moderna: un concierto para fagot. Me encanta ese instrumento porque es como una especie de saxo de madera y porque es el gran abuelo de los instrumentos de viento. Cuando llegamos a casa, buscamos en google al solista, Nelson Vinot, y adivina qué: pude enviarle un mail dándole las gracias porque en su página web estaba su correo electrónico. Y entonces me dí cuenta de lo genial que es internet, porque además de recibir te permite dar. Un poco como la música, algunas veces.
Presentar respeto.
En muchas situaciones de la vida, tienes que presentar tus respetos más profundos hacia algo o alguien. Por ejemplo, los creyentes se arrodillan ante un altar. Aplaudimos después de ver un espectáculo. El novio pide la mano de la novia a sus padres. Damos el pésame en los funerales, y enseñamos a los niños que en las comidas es mejor comer con la boca cerrada. Nos levantamos cuando alguien importante entra por la puerta, nos despedimos para marcharnos, damos las gracias, pedimos por favor, enviamos flores para agradecer un gesto bonito. Cedemos el asiento a nuestros mayores, hablamos bajito en los hospitales, desconectamos el móvil en el cine, devolvemos siempre los libros que nos prestan. Eso es respeto.

Miri presentando emoción y mucho, mucho respeto.
Había una vez un señor que se llamaba Marcel Duchamp. Era artista. Pero no un artista cualquiera: no domaba leones ni cantaba en operación triunfo: quizá por eso muchos no le conocen. Marcel Duchamp fue el primero que tuvo la genial idea de que cualquier cosa que tuviera la intención de ser arte, podía ser arte. Envió un WC a un concurso artístico, y hizo la obra que aparece en las fotos: “rueda pegada a un taburete de cocina”.
Cuando entré en la sala del MOMA que contenía la obra de Duchamp no pude hacer otra cosa que presentar mis respetos. Y no solo estuve muy callada, no solo apagué el movil, no solo dí las gracias y lloré de la emoción: además de todo eso, me arrodillé. Y si Duchamp me vió desde el cielo del los artistas seguramente pensó que para nada era ridículo arrodillarse delante de un taburete de cocina con una rueda pegada encima, precisamente si el arte te enseña algo es que las cosas no siempre son lo que parecen. Yo no era una loca arrodillada, aquello no era un taburete con una rueda pegada encima, aunque lo pareciéramos.
Kandinsky en el MOMA
Hace algún tiempo escribí un post contando lo que era la sinestesia. Pues bien, en nuestra visita al MOMA de Nueva York tuve la oportunidad de ver algunos cuadros de Vasile Kandinsky, uno de los sinéstesicos más famosos de toooodos los tiempos, y que afirmaba que los colores que plasmaba en sus cuadros no eran más que los que veía cuando escuchaba música.
Así que, cuadro delante, empecé a canturrear las melodías que él podría estar escuchando cuando los pintó.
Uno de los motivos por los que me gusta el arte es justamente ése: tener el valor de no quedarse en la contemplación de la obra y dar un paso más allá, el paso de la empatía, para preguntarnos porqué el artista pintó, compuso o modeló así; qué quería decir al mundo con esa obra y si consigue o no transmitir su mensaje.
Y a juzgar por la foto, parece que a mí Kandinsky sí que me transmitía: estoy bailando con los brazos mientras el dedo de Cereal me congela en otra de sus geniales fotografías
(…y es que solo en este viaje ha hecho 3821!).
Cries and Whispers
Hill Jephson Robb es un señor escocés que tiene 39 años (nació en 1970). Es artista plástico y hasta hace poco era un completo desconocido para mí. En el MOMA tuve la oportunidad de ver una de sus obras, y me pareció original, tierna, creativa y muchas más cosas. Me gustó tanto como para dedicarle un post a él solito y buscar más información de él en la web
La obra se titula “Cries and Whispers” y Robb la hizo cuando su hermana falleció después de luchar contra un cáncer; dejando a una niña de siete meses huérfana. Todos sabemos lo importantes que son las madres, por mucho que a veces nos saquen de quicio o se pongan pesadas con eso de “echate novio”. “Cries and Whispers” está hecho para dar al niño esa sensación de protección y de invulnerabilidad. Es de lana y la entrada puede agrandarse según el niño crece. Era de color morado y suavísimo al tacto, casi tan suave como las manos acariciantes de una mamá.
Está claro que nunca podremos sustituir a una madre. Pero es una idea tan genial que pasé mucho rato examinándola en el MOMA. Si algún día muero, espero que alguien piense en algo así para mis cinco niños

Cries and Whispers
El mejor regalo de Reyes que he hecho en 2009.
Intento hacer regalos especiales siempre, pero en Navidad parece que a todos nos da la vena más creativa. Estas Navidades, el mejor regalo de Reyes que he hecho ha ido destinado para mis amigos Meli y Aique, y ha sido un album de fotos en recuerdo de los momentos que pasamos en Cabo Peñas hace unos meses. No era el primer álbum artesanal que preparaba, así que fue mucho más fácil que el primero que hice, que también fue un regalo para una persona muy especial.
Cuando estaba haciendo las fotos ya se me ocurrió la idea, así que hice fotos con mucha más intención. Después, tuve que seleccionar las fotos, revelarlas, escoger el papel, pegarlas, escribir los pies, prepararlo todo… mientras Meli no paraba de presionarme para que le pasara las fotos por mail. Yo le iba poniendo excusas: “es que no tuve tiempo”, “es que ocupan mucho”… y ella se ponía cada vez más pesada
A veces llegué a pensar que se enfadaría conmigo por no pasárselas!
Mereció la pena inventarse un kilo de mentiras piadosas para que aguantara a recibir su regalo sorpresa… ¡¡Felices Reyes, Tones!!

¡El álbum!
Miri en el Vaticano
Cuando vas a Roma, la visita al Vaticano es imprescindible: Cereal y yo le dedicamos un día entero. No solo por la basílica de San Pedro de Roma (que no hay que confundir con la Catedral de Roma: la catedral de Roma se llama San Giovanni in Laterano) sino también por los museos Vaticanos, donde está la Capilla Sixtina, pintada por Miguel Ángel. A mi no me gusta mucho el arte “clásico” (barroco, renacimiento), pero hay que reconocer que ver “los dedos” en el techo de la Capilla Sixtina es algo que todo ser humano debería hacer alguna vez en su vida.

Algunas cosas representativas del Vaticano. Fotos de Cereal.
La basílica de san Pedro de Roma es muy grande y muy vistosa por dentro. Se puede subir a la cúpula, desde la que tienes unas vistas increíbles. La plaza de delante de la basílica es también todo un mito: la has visto tantas veces por la tele que te parece imposible estar ahí. Dentro de San Pedro de Roma está la Piedad, de Miguel Ángel; y también las tumbas de los Papas, donde ví la de JP II.
Pero no es una Iglesia convencional. Todo está perfectamente organizado, y hay un montón de gente que trabaja allí. Incluso hay muchos que limpian con esos “minicochecitos” por dentro de la Iglesia. Quedaba un poco raro. Yo no soy muy religiosa, pero sí muy espiritual; y tengo claro que Dios no vive en el Vaticano. No sientes la presencia de “esa magia” que te envuelve cuando entras a una Iglesia; ni siquiera huele a Iglesia.
En los museos vaticanos hay muchísimos tipos de arte. Desde esculturas y pinturas que tienen quince siglos, hasta tres cuadros de Dalí y una escultura de Chillida, de mi Chillida! La Capilla Sixtina impresiona, porque te imaginas a Miguel Angel subido a una escalera, pintando durante días y días y es una obra de un esfuerzo personal brutal. Para mí, casi simboliza más la paciencia, la entrega y la constancia… y creo que ése es su auténtico valor.
The Fall

Poster de la película: The Fall
El sábado por la tarde fui al cine con Cereal y su cojera (lo tengo lesionado y cojea al caminar; y yo cojeo con él como muestra de solidaridad y porque es muy divertido ver como la gente mira). Yo llevaba un montón de tiempo sin ir al cine y tenía muchas ganas de ir, pero fue Cereal quien escogió la peli: The Fall o el Sueño de Alexandria, que decidimos ver en VOS. Es una peli India, con coproduccion de USA y UK, que ganó el premio a la mejor película en el festival de cine fantástico de Sitges
He de decir que es una de las pelis más mágicas que he visto últimamente, y que junto con Soy un Cyborg, creo que es lo mejor que he visto en 2008 en el cine (que por cierto, las dos compitieron en Sitges y ganó The Fall). Me gustaría entrar al trapo con ciertos detalles, pero no quiero quitar parte de la magia… así que seré breve y no spoilearé.
Cuenta la historia de Alexandria, una niña de cinco años proveniente de cierto país del mundo que se rompe un brazo y pasa varias semanas en un hospital. Allí conoce a Roy, un actor que se dedica a hacer de doble especialista que ha sufrido una caída importante y que tiene el corazón roto. Roy quiere que Alexandria le haga cierto favor, y para convencerla, le cuenta una historia épica, fantástica y mágica protagonizada por cinco hombres increíbles con un objetivo común: terminar con el villano de Odius.

In-cre-i-ble fotograma.

Una de las bellísimas imágenes de la película
Mientras la historia en la vida real se va desarrollando, con momentos agridulces, Alexandria va imaginando todo el cuento que Roy le relata… y el espectador se encuentra con una fantástica experiencia visual: fotografía colorista, escenas conmovedoras, fantasía… Exteriores increíbles acompañados de una banda sonora brutal. Y todo adquiere sentido cuando te dicen que esta película tardó SEIS AÑOS en filmarse, y aparecen en ella VEINTIOCHO PAISES. Bravo por su director, Tarsem Singh: gracias desde aquí por esos 117 minutos de puro arte que nos ha regalado a todos.
Sientes la Magia. La magia de que el espíritu de alguien esté en unos dientes; la magia del “googly googly, go away!!”, o de tocarse una ceja al ponerse nervioso, por no hablar de la única salida de aquel laberinto. En algunos momentos quieres aplaudir y llorar de la alegría de estar viendo esa maravilla, no quieres que termine… igual que la genial Alexandria, quieres que Roy siga contando la historia. Y es que me encanta que me lean cuentos, y dentro de “The Fall” hay uno de los más preciosos que he escuchado jamás.
Al final, el cuento y la historia real se mezclan, dando lugar a un final desgarrador en todos los sentidos.
Se me escaparon las lágrimas, la risa y muchos, muchos escalofríos. Porque la vida no siempre es un cuento que termina bien…
Increíble película, que ha pasado a formar parte inmediatamente de mis pelis de culto.
Arte y reencarnación.
Para luchar contra mi gran miedo a la muerte, hace un tiempo que comencé a interesarme por el budismo. En tanto que no es una religión (puesto que no tiene un Dios), da respuesta a ¿qué pasa cuando te mueres? Cuando te mueres, te reencarnas y ya está: vuelta a empezar, aunque eso sí, sin memoria.

Mi Vincent
Yo siempre he creído que soy la reencarnación de Vincent Van Gogh. No tengo ningún motivo especial para creerlo (y sigo teniendo las dos orejas): sólo que nacimos el mismo día y que los dos tenemos una relación especial con nuestros hermanos pequeños.
Van Gogh y sus cuadros provocan en mí sensaciones a veces indescriptibles, a veces descriptibles, pero nunca me quedo indiferente. ¡Que rabia que solo haya vendido un cuadro cuando estaba vivo! Aunque sinceramente, creo que su final habría sido el mismo…
Allá por el 2005 tuve la suerte de ir a Auvers sur Oise, el pueblo al norte de Paris donde Vincent pasó sus últimos años. Ví la habitación del hostal donde vivía, donde se suicidó y donde agonizó durante varios días hasta morir… y se me removieron muchas cosas por dentro.
Era como pisar un lugar sagrado, yo creo que cuando vaya al Vaticano en diciembre no sentiré tanta espiritualidad. Odié a los turistas que estaban allí, de la misma forma que casi golpeo a aquella alemana que estaba en el Musèe D’Orsay y que hizo una foto con flash a un cuadro de mi Van Gogh. Hay gente que no debería salir de casa.
En Auvers, ví la verdadera iglesia que él pintó a su manera, los campos, las colinas. Fue su época más productiva, pintaba más de un cuadro al día: mientras esperaba que se secara el color en uno, comenzaba otro. También vi su tumba, con su hermano Théo al lado derecho y en el izquierdo una lápida vacía. Y entonces pensé: cuando muera, que me traigan aquí, al lado de mi Vincent.
“(…) No entiendo el motivo concreto por el que siempre, la vista de las estrellas, me hace soñar, tanto como me impulsan a soñar los puntos negros que representan en el mapa las ciudades y lugares. ¿Por qué, me pregunto, los puntos luminosos del firmamento nos serían menos accesibles que los puntos negros en el mapa de Francia? (…) La verdad que contiene esta idea es que, estando en vida, no podemos irnos a una estrella; al igual que, estando muertos, es imposible que cojamos el tren. En fín, veo bastante probable que el cólera, el mal de piedra, la tisis, el cáncer, se transformen en medios de locomoción celeste, como los barcos a vapor, los ómnibus y el ferrocarrril, lo son terrestres.”
Carta a Thèo #506, de junio de 1888.
