Entradas etiquetadas ‘amistad’
Desayuno con amigos
¿Desayuno con diamantes? Audrey Hepburn se confundía. Yo prefiero un desayuno con amigos. Y es que los diamantes son para toda la vida, pero algunos amigos también.

Ayer, en el Lolinas (uno de mis sitios vintage preferidos de Madrid) desayuné un genial colacao con una galleta y una rebanada de pan con queso philadephia y orégano por encima. Una excelente combinación.
Además, ayer tuve un regalo genial: un kikoy. Se trata de un generoso trozo de tela de algodón, procediente de África, que tiene muchos usos: desde pareo, vestido, toalla, mantel… hasta un improvisado portabebés. Es de color naranja (¡!) y huele a África. Y África huele muy bien
Igual que el pan recién tostado del desayuno con Amigos.
Aquella parafarmacia.
Que me encanta automedicarme es un hecho consumado. No en vano mis amigos médicos me regalan ediciones atrasadas de los vademecums: porque como lo voy a hacer de todas formas, es mejor si me dan las guías para hacerlo bien.
Para protegerme de mí misma, hay ciertos medicamentos que mi farmacéutico de Madriz no me da sin receta. Él me lo dice: “es por tu bien, mujer”. Cuando me pasa eso, lo que suelo hacer es acercarme a la parafarmacia, donde nunca me piden receta de nada porque todo lo que se vende allí es natural y libre como la pasiflora. Concretamente, yo acudía siempre a una parafarmacia que había al lado de la glorieta de Ruiz Jimenez, donde las dos dependientas me atendían con mil amores. Empecé a ir más frecuentemente para pesarme, y ellas empezaron a quererme (sé que me querían porque me regalaban muestrecitas de cosas).

¿Qué me puedes dar para...?
Después de mi periplo americano, el otro día decidí ir a ver a mis parafarmacéuticas preferidas para que me vendieran una crema para los pies, que los tengo en plan lija del 2 de tanto ir descalza por los praos de Madriz. Y cuál sería mi sorpresa cuando llego a la parafarmacia y me encuentro que han echado el cierre. Solo había dos carteles; uno con un “Se Alquila” y otro con un “Se vende báscula y estanterías con iluminación lateral”. Vamos, que el cierre ha sido definitivo.
La crisis me ha dejado sin parafarmacia y sin parafarmaceúticas que me quieran. A mí, que les compraba la pasta de dientes, el gel íntimo, las pastillitas de valeriana para cuando me da por dormir mal. Y entonces, Mirichán ha reflexionado, y ha pensado que esto estará pasando en toda España, y que había que postear sobre ello. Si yo fuera parafarmacéutica, me gustaría leer que aquella chavalina simpática que venía siempre con el “a ver que me puedes dar para…” me echa de menos. Porque tener una tienda, vendas lo que vendas, no es solo poner los mejores precios y descuentos: también hay una parte de consejo, de atención profesional y personalizada que amigos míos, el Carrefour no nos va a dar nunca.

¿Y ahora a quién pregunto? ¿A la reponedora?
Después de tres años.

Que cosas tiene a veces la vida...
En mi etapa valenciana, conocí a una chica llamada Elena que disfrutó la misma beca que yo en la Universidad de Valencia. Ella era gallega y yo asturiana, así que enseguida congeniamos y empezamos a construir una amistad. Después de ese primer año, ella volvió a su Lugo, mientras que yo me quedé en Valencia. Luego vinieron cambios mucho mas fuertes en mi vida: que si Madriz, que si Rumanía… y al final, fuimos perdiendo el contacto.
Afortunadamente, en todo este tiempo ella siguió escribiendo en un fotolog, lo que me permitía entrar y saber cómo estaba cuando me acordaba de ella. Y cual sería mi sorpresa cuando la semana pasada visité su rincón internetil y… anunciaba que se venía a Chile, durante seis meses, con una beca de la Universidad.
A veces, necesitamos un resorte, un empujón: necesitamos que ocurra algo para hacer las cosas. Su venida a Chile estando yo aquí me hizo escribirle de forma instantánea un correo que seguramente debería haberle escrito mucho antes, para no perder el contacto con ella.
Así que ayer, después de tres años sin verla, tomé dos cafés con ella en el corazón de Chile. Necesitamos dos cafés, porque había tanto que hablar que con uno nos quedamos a medias de la conversación.
Ella está igual que siempre, y hablar con ella fue como volver a esos tiempos de facultad: nada había cambiado. Es impresionante que no nos volvimos a ver en Valencia, no nos volvimos a ver en el norte… y nos hemos reencontrado en el país más largo del mundo. Hay que joderse. Pero me encanta.
Quien tiene un blog, tiene un tesoro.
Todos los que escribimos de forma asidua un blog o algo parecido soñamos, en secreto, con que un día un magnate de internet nos descubrirá y nos solucionará la vida de alguna forma inimaginable. La verdad es que si sumara todas las horas que invierto aquí y les pusiera precio, ya habría superado el millón de pelas con total seguridad.
Mientras espero a que el tal magnate de internet me descubra, sigo disfrutando de los pequeños regalos que mi blog me va haciendo para premiar mi constancia. Gracias a esto de escribir, he tenido la posibilidad de hacer cosas chachis pirulis, como aquella vez que los de cucharete me invitaron a un chuletón, o aquella otra vez que organicé una cadena de postales de Navidad.

¡Es genial tener amigos!
Pero si hay algo que he hecho a raíz de bloguear es conocer personas que de otra forma, habría sido muy poco probable que hubiera incorporado a mi vida. Cafés en Madrid, cafés en Asturias, ¡¡hasta un viaje a la mismísima Suiza!! Y el otro día, superé lo insuperable: quedé para pasar la tarde con Nat, otra de esas personas que escribe para sentirse más libre.
Nat es una persona excepcional. Desde el minuto cero me sentí cómoda con ella, disfrutando de nuestro café en uno de los rincones más únicos de Valparaíso. Hablamos de muchísimas cosas, y me dí cuenta de que, a pesar de que nos separan doce mil kilómetros, nos unen nuestros blogs y nuestras inquietudes. Viajar, crecer, aprender, evolucionar, sentir… y soñar. Y es que, con ese brillo en los ojos, la inteligencia se abre camino en Nat para demostrarnos a todos que no tenemos que creernos eso de que el mundo es un lugar cuadriculado.
Quien tiene un amigo tiene un tesoro.
Quien tiene un blog, también.
Trabajo en equipo
El trabajo en equipo es además de divertido, muy bueno, y hay muchas cosas que se pueden hacer con los demás. Se puede cocinar en equipo, se puede limpiar en equipo, se puede ir de compras en equipo, conquistar un país en equipo y practicar cualquier deporte.
Pero lo que hasta hace poco yo no sabía que se pudiera hacer en equipo es esto:

Hacer pis en equipo
Mi amiga Meli y yo, el finde que estuve en Asturias, estuvimos en Ikea escogiendo cortinas para su casita. Y como teníamos ganas de ir al baño, fuimos y allí encontramos esto. Yo, ni corta ni perezosa, le dije eso de “¿quieres pasar conmigo?” y ya nos imagináis a las dos juntas, una al lado de la otra, escuchando el sonido del pis de la otra, cogiendo un trozo de papel a la vez, colocándonos la ropa y tirando de la cadena sincronizadamente.
Y aunque pueda parecer raro no lo es tanto; ¡al fin y al cabo todos los tíos hacen pis uno al lado del otro!
Desmeliyuno.

¡Aquello parecía el desayuno de una boda! (existe eso?)
El finde pasado, cuando estuve en Asturias, desayuné en casa de Meli y Aique. Siguiendo con mi tradición de fotografiar lo que desayuno los domingos, saqué mi móvil y ni corta ni perezosa, hice una foto a todo lo que Meli puso encima de la mesa: poco más y no me coge tanta comida en tan pocos píxeles. Café con leche buenísimo, queso de burgos y unas lonchas de jamón asado para combinar con unas increíbles tostadas. Y una presentación de lo más artística, no esperaba yo menos de toda una “Responsable de Calidad” de cierta cadena hotelera…
Hace más o menos diez años, Meli y yo fuimos juntas de campamento de verano. Se trataba de unos campamentos que organizaba el Principado de Asturias, con subvenciones y becas para las personas con menos ingresos. Nos apuntamos y cuando nos tocó escoger, decidimos ir a “Soncillo”, en la provincia de Burgos.
Todavía hoy recordamos aquel campamento de verano: hicimos un montón de deportes de riesgo y arriesgados, como escalada, piragüismo, rafting, bicicleta de montaña, tiro al arco… Los monitores eran más salvajes que nosotros, y aunque en general el ambiente era bueno, recuerdo entre otras barbaridades que nos daban patadas en el casco cuando hacíamos rapel.
Hoy hablo de esto porque mi mayor recuerdo de ese campamento es el siguiente: para hacer los deportes nos organizaban en grupos y a nosotras nos separaron. El día que yo había hecho piragüismo, Meli había hecho bicicleta, y cuando llegué de estar con las piragüas por el embalse, algunos compañeros me dijeron que Meli se había caído de la bicicleta y que se había “roto la cabeza” con una valla de la carretera, un quitamiedos (también hay que ser exagerado).
En aquel momento me llevé un susto brutal y fui corriendo a la enfermería, para ver si seguía con vida y a quién dejaba en herencia todos sus poster de los Backstreet Boys
Cuando llegué, allí estaba ella, con su chándal de Hello Kitty o similar llena de arañazos y postillas por todas partes y espantando a las moscas, que se posaban en sus heridas. Nos abrazamos y nos pusimos contentas de ver a la otra: afortunadamente la caída se nos olvidó pronto.
Han pasado diez años y diez millones de cosas. Pero el domingo, cuando llegué a casa de Meli, ahí estaba ella, con su pijama de Hello Kitty o similar, llena de arañazos y postillas de tantas cosas buenas y menos buenas que ha vivido y la han marcado; y espantando sus miedos, porque siempre hay miedos. Y como aquel día, nos abrazamos y nos pusimos contentas de ver a la otra. Huelga decir que en su casa ya no hay pósters de los Backstreet Boys.
Me encantan las visitas.

Nosotras al ritmo del Rock&Roll
Este finde recibí en Madrid la visita de mi amiga Ana, más conocida por todos vosotros como Lusika. Fue un viaje relámpago, tan solo de 24 horas; una escala en su viaje a Turquía desde Zürich. Y la verdad es que se pasó muy rápido… Fuí con Introspectre a buscarla al aeropuerto; después comimos los tres en el “Con Dos Fogones”. Fuimos a mi casa a dejar las maletas y después nos quedamos Ana y yo con la anexión de Cereal.

Foto del concierto de los Living Dead Chickens
Tomamos un café los tres juntos y después Cereal nos llevó a una sala de conciertos en el fin del mundo; donde tocaban los famosos (al menos por estos lares) Living Dead Chickens. Disfrutamos mucho del concierto, bailando rock como auténticas expertas y coreando algunas letras.
Cuando nos quisimos dar cuenta, ya era por la mañana; y después de un brunch al más puro estilo de Sexo en Nueva York (que no se diga que no hay glamour) Lusika tuvo que poner rumbo a tierras turcas.
Echamos de menos a Ivich, Elenita y Banyuken; pero como la misma Ana decía, “seguro que hay muchas otras veces”.
Yo ya lo estoy deseando.
En dos palabras.
Escribo este post la última noche en Zurich. Ha sido un viaje espectacular, y daré más datos en sucesivos posts. He visto muchas ciudades, he conocido a varias personas, he probado nuevas comidas y sobre todo, he aprendido de mí. De paso que hacía todo eso, he echo una nueva amiga que estoy segura me acompañará en muuuuchos Mirimomentos de mi vida
¿Lo bueno? Que he salido de dudas en una situación personal que me ocupaba demasiadas energías últimamente. ¿Lo mejor? Que hemos puesto las cosas en su sitio. Y esta foto es testigo:

Cereal en Zürich
Sobredosis

¿Cuál eres tú?
Una sobredosis es una dosis excesiva de un medicamento o droga. Y un medicamento es un principio activo (o varios combinados) que se usa en personas o en animales (que para el caso es lo mismo, puesto que las personas somos animales mamíferos blablabla) para prevenir, tratar, curar enfermedades, síntomas o cualquier estado patológico.
Imagina conmigo por un momento, que tú pudieras ser un principio activo. Que tuvieras la propiedad de prevenir, tratar o curar cosas como la soledad, la tristeza, el aburrimiento.
Podrías emplearte a fondo con ciertas personas o animales, y lo mejor de todo es que no necesitas receta médica para actuar: puedes ser eficaz siempre que quieras. Además, eres gratis. No hace falta que la farmacia esté abierta. Puedes actuar sobre niños, ancianos y embarazadas. Y lo mejor de todo, es que no tendrías efectos secundarios.
Yo te pondría nombre: Epulonlíticos contra la desesperación. Wilsolina contra la tristeza. Evemaryón contra las dudas. Banyukodina contra el miedo. Ivichoides contra la desilusión y Cereales para vigilar y mantener las constantes vitales. Jabolkíticos como potenciadores del coraje. Lusikeínas para fomentar la síntesis de esperanza. Bristolineasas. Antoniolinas Forte. Melitonas y Aiquetones sonrrisírricos. Domnules, Bernisodasas. Aupinas de los laboratorios Ikechu. Panericídicos. Y muchos más, pero no puedo nombrarlos a todos (es que wordpress me da espacio limitado).
Y ahora a ver cómo le cuento a mi doctora que me automedico…
Mi buzón.
Mi buzón de correos es un buzón fantástico. Vive en el portal de mi casa, y antes teníamos una llave para abrirlo y cerrarlo. Creo que un día se cansó de tanto mete y saca de la llave, y debieron llegar a algun pacto antisodomización por el cual la llave desapareció milagrosamente. Ahora, no lo podemos abrir y usamos un palillo chino para sacar las cartas.
Como soy un tapón de 1.65, no llego bien a mirar dentro del buzón, así que saco las cartas completamente a tientas. Y no falla: siempre que estoy forcejeando para sacar la correspondencia entra algún vecino que me mira con cara de “¿estás robándole las cartas a alguien, bonita?”. Yo al principio tenía un poco de vergüenza y me ponía nerviosa, pero ahora ya lo tengo más que superado. Y cuando el que me ve es Onofre, nuestro portero, ya me suelta eso de “que, Miriam, ¿sacando la correspondencia?”. No creaís que me gusta esta situación, de hecho, pregunté cuánto costaría cambiar la cerradura para que nos dieran nuevas llaves. ¡NOVENTA EUROS! Ni de coña.

No es la imagen que sale en la postal... esa me la guardo!!
De todas formas, incidencias aparte, el buzón es una gran fuente de alegrías para mí, ya que casi siempre tiene sorpresas: invitaciones para inauguraciones de exposiciones de arte, cartas del INEM diciéndome que ya soy una lacra oficial de la sociedad… o la última: una postal del Principito.
Sucedió así: este lunes, estaba yo escarbando en mi buzón con el palillo chino, feliz como una perdiz, y de pronto vi “algo” con un Principito dibujado. Al principio pensé: “hay que ver el márketing, ya explotan sin remordimientos figuras tan notables como Le Petit Prince”. Después de un rato apalancando con el palillo, conseguí levantarla y la saqué… y al darle la vuelta a la imagen vi que no era una publicidad: ¡era una postal y estaba dirigida a mí! Pilar (más conocida por todos como Jabolka) me escribía desde Avignon… con un mensaje claro y contundente: “mucha suerte para esta nueva etapa que empiezas”.
Una vez, alguien mucho más listo que yo me dijo una frase que se me quedó grabada: “Todos quieren tener un buen amigo, pero pocos se toman la molestia de ser uno”. Así que solo me queda dar las gracias porque Jabolka ha decidido que valía la pena tomarse las molestias. (*.· ¡Clin! ·.*)