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Adoro Addoor
Hace algunos días, Juan Soto de Addoor (una empresa de comunicación y márketing especializada en el mundo 2.0) se puso en contacto conmigo para que acudiera a un acto protagonizado por Javier Reverte en el Hotel Kafka (un espacio de creación literaria, que ofrece cursos y talleres) de Madrid. El asunto tenía que ver con el mundo de los viajes, y al equipo de Addoor les pareció que sería interesante que la Mirichán viajera y escritora de un blog asistiera.
Así que ayer por la tarde me encaminé hacia la calle Hortaleza. Llegué puntual y enseguida empecé a hablar con unos y con otros. Me sentí en mi hábitat, en mi ecosistema: aquellas personas hablaban el mismo idioma que yo; contándome cosas de sus viajes y de sus experiencias. Javier Reverte nos dió una charla muy entretenida, con frases que quedaron debidamente apuntadas en mi moleskine, como “viajar es asomarse a muchas almas”, “no me interesan las piedras, me interesa la gente” y “cuando somos nosotros los que nos equivocamos, nos perdonamos automáticamente”.

Viajar, viajar, viajar sin parar... volar y volar y vuelta a empezar!
Después de unas cuantas preguntas, nos ofrecieron unas bebidas y algunos canapés, y entonces es donde tuve oportunidad de interaccionar con los demás bloggers. Alberto, el chico con las pestañas más grandes que he conocido, me hablaba de sus experiencias en Vietnam y sus planes de futuro con una beca en Japón. Me adentré en el rincón de Sele, que soñaba con abandonar su vida de camisa y corbata para vivir viajando y que le pagaran por ello. Tuve unas palabras con Miss Viajes y con Edu y Eri; también viajeros incansables. Y cómo olvidarme de Aines y de su amigo Carlos, con los que tuve una conversación metafísica sobre la vida y las decisiones que tomamos mientras comí gominolas a puñados.
Pero el mejor momento vino en la conversación interesantísima que tuve con Ana Valeva, la manager de márketing de Addoor. Me contó que descubrió mi blog buscando un desayuno y que le interesó porque ella es de Bulgaria y mi blog huele a Rumanía. Hablamos un rato enorme sobre las genialidades de la cultura rumana, y la verdad es que sentí nostalgia de mi Bucuresti. Hay experiencias que nunca se olvidan, y hay charlas y momentos compartidos que tampoco.
Por todo hay que pagar un precio
Me hace mucha gracia el hecho de que justamente en vuelto a Madrid un lunes. Los lunes son el día en que comienza todo: las dietas, los primeros días de colegio e incluso en algunos trabajos te dicen eso de “empiezas el lunes”. En mi caso, es momento de repartir souvenirs y de dejar que la experiencia de este viaje se asiente en mí. También es momento de recuento y es que por todo hay que pagar un precio.
Desde que salí de Barajas hacia Chile, el 16 de junio de 2009 me he gastado 2158,17€. No es mucho dinero para un viaje de dos meses: he sido cutre hasta límites insospechados por mí. Es lo bueno que tiene viajar sola: que si decides hacerlo en plan muy pobre sólo te afecta a tí, así que te aprietas el cinturón y punto.
De ese dinero, 187.72€ ha sido para pagar los dos recibos de Vodafone. Qué caro es el móvil cuando estás en el extranjero; y como me enfadé cuando me llamaron para una encuesta de calidad de Vodafone, una portabilidad de movistar y una señora que se había confundido. Yo pagué 15 euros por esas llamadas. Las campañas de telemarketing deberían estar prohibidas en verano: eso o que corran ellos con los gastos de roaming.
28.65€ se fueron en gastos de farmacia; y es que en estos dos meses he padecido dos enfermedades diferentes. Empiezo a pensar que mi salud no es lo que era, aunque por lo menos no tengo que lamentarme de la temida gripe A (de momento, que en España también hay).
44.56€ se fueron en 5 libros que compré para leer en este tiempo. Viajar sola tiene momentos muy aburridos; y cinco libros en dos meses son una cifra para nada despreciable.
30.52€ me los gasté en ropa que he tenido que comprarme para soportar el frío intenso del invierno chileno: un jersey gordísimo de lana pura, una camiseta de cuello de cisne y unos leotardos de lana.
El resto, 1866.72€ es lo que me he gastado en transporte, comida y alojamiento. Una media de 31.12€ diarios. Claro que no he comido muy sano en muchos momentos, he dormido en sitios que parecían de peli de terror, siempre compartiendo el baño, en lugares donde no había agua caliente en la ducha y también he abusado un poco de la hospitalidad de algunas personas.

Para muestra un botón, aquí es donde dormí en Copiapó

Aquí dormí en La Serena, un poco mejor pero sin agua caliente...
He viajado siempre en autobús, microbús, pullman… viajes de muchas horas sobre ruedas. Solo cogí un vuelo interno: cuando volví a Santiago para ir al médico con 39 de fiebre. También hay fotos de los medios de transporte (que se note que soy hermana de Cereal: igual que él yo le hago fotos a todo).

En furgoneta, en minibús siempre al lado del conductor.

En micros y en metro.

Leyendo en los pullman y descubriendo los colectivos.
Por último, he comido siempre intentado aprovecharme de ofertas y menúes del día, yendo a sitios de apariencia humilde y mirando despacio las posibilidades. Muchas veces he comido una empanada por la calle, o comida de venta ambulante. Aunque, eso sí, ha habido dos o tres momentos de despilfarre gastronómico, pero es que la ocasión lo merecía.

A buscar la oferta, oiga!
Andrea Dieterich
El otro día tuve la suerte y el privilegio de cenar en la casa de una de las diseñadoras gráficas más ilustres de Chile; Andrea Dieterich. Nada más entrar en su casa se percible la enorme creatividad de esta artista chilena, a la que cariñosamente todos conocen como Rulo por su pelo rizado (un rizo es un rulo).
No sólo realiza diseños que están en todas las casas chilenas, de la mano de Casa&Ideas; sino que también ha trabajado en Hong-Kong y recientemente sus trabajos han sido incluídos en un libro editado en Alemania. Así que imaginaos lo ilusionada que estaba yo con compartir esa cenita con ella y su novio, Delfo.
Pero lo mejor es que Rulo ha sido capaz de hacer un hueco en su apretada agenda de trabajo para aceptar un pequeño encargo que le he hecho, y que servirá de regalo para un cumpleaños que se avecina. ¡¡Estoy tan contenta con el resultado final!! Todavía no puedo decir qué es ni enseñar nada para no estropear la sorpresa, así que para entretenernos mientras tanto, aquí y aquí se pueden ver algunos de sus impecables trabajos.

Chile es Caro

Mirichán con el fundador de Santiago de Chile: Pedro de Valdivia.
A pesar de ser un país catalogado en vías de desarrollo y que el salario medio de los chilenos no supera los 400.000 pesos (500 euros), los precios de los productos básicos son bastante similares a los de España.
Un litro de leche cuesta 500 pesos, que son 66 céntimos de euro. Un viaje en metro cuesta 400 pesos (53 céntimos de euro), pero no te permiten comprar abonos de diez o mensuales: solo obtienes reducción si eres pensionista o estudiante. Un café con leche cuesta 800 pesos, que es algo más de un euro. Eso convierte a Chile en un país caro para los chilenos, que a fin de cuentas son los que tienen que vivir aquí.
Por otro lado, la sanidad y la educación se comportan como si fueran privadas, aún cuando acudas a la red pública de cualquiera de los dos servicios. Eso significa que el médico te cobra dinero por atenderte, aunque el público es más barato que el privado, aunque mucho peor en cuanto a las prestaciones. Lo mismo ocurre con la Universidad: desafortunadamente aquellos que quieren asegurarse un futuro profesional más o menos prometedor, acuden a las universidades privadas, carísimas.
Sin embargo, no me parece que el chileno medio esté en desacuerdo con esta situación: lejos de ver algun signo de disconformidad me doy cuenta de que se preocupan más por otros aspectos de su país, como por ejemplo la liberación del pueblo mapuche o las cuotas de las tarjetas de crédito.

¿Cuántas cuotas?
Una de las cosas que más me extrañó cuando llegué aquí es que en todos los establecimientos, comprara lo que comprara y costara lo que costara, al pagar con mi tarjeta automáticamente me preguntaban si quería pagarlo en cuotas, es decir, a plazos.
He observado que muchos chilenos utilizan este sistema para comprar cualquier cosa; y aunque tiene sus ventajas, comprar a crédito es muy peligroso porque les facilita la entrada a una espiral de consumo que en muchos casos no se pueden permitir y por supuesto con intereses abusivos.
Sobre los mapuche, el pueblo indio de Chile, entiendo la preocupación de algunos colectivos por garantizar la igualdad, la preservación y el respeto hacia esta etnia; pero me parece desmedida la atención que se le presta en los medios de comunicación, hecho que como siempre, contribuye a engrandecer el problema mientras otros se empequeñecen.
Y así es como mantienen distraída a la población general: si no eres mapuche, la cosa no va contigo, así que tú tranquilo, sigue con tus cuotas.
Llevo solo dos meses en Chile, y creo que es poco tiempo como para pensare que he entendido todo lo que ocurre, con su cultura y su razón de ser únicas y genuinas; pero si me permitieran expresar mi opinión diría que para que las cosas sean sólidas hay que construirlas desde el principio: una educación de calidad, una sanidad al alcance de todos (sean pobres, mapuches o no). Pura pirámide de Maslow. Locuras de una psicologuilla de tres al cuarto.
Isla Negra
Pablo Neruda se declaraba Cosista. Decía que le gustaban las cosas, y por eso las acumulaba: cientos de botellas de vidrio de todos los colores y formas; mascarones de proa; colecciones de caracolas marinas, de mariposas y de otros insectos; instrumentos musicales que nunca tocó; máscaras africanas… Yo también me declaro cosista, pero no porque me gusten las cosas materiales: a mí lo que me apasiona es que me cuenten cosas. Y el alma de Neruda me contó muchas cosas sobre él.
Su libro más importante “20 poemas de amor y una canción desesperada” lo publicó cuando tenía 20 años. Fue amigo de nuestro Lorca y de nuestro Alberti. Era cónsul en España justo cuando estalló la Guerra Civil. Tuvo una hija que murió cuando tenía solo 8 años, a causa de hidrocefalia, una enfermedad que hoy día se cura sin mayores complicaciones. No sabía nadar, a pesar de que era un grandísimo apasionado del mar. Le encantaba la cocina, y le gustaba cocinar solo, sin que le molestaran; así fue como nacieron muchas de sus Odas (a la Cebolla, a la Alcachofa, al Caldo de Congrio). En la mesilla de noche dejaba un catalejo, por si tenía que otear el horizonte en plena noche, a través del enorme ventanal de su habitación que por supuesto, daba al mar.
Hay tantas cosas materiales y no tan materiales en esa casa que casi sientes que Neruda esté todavía allí. Huele a Neruda, y parece que acaba de levantarse de alguno de los sillones, ajados y arrugados por el paso del tiempo.

Todo un icono de Isla Negra
Es en Isla Negra donde se guardan todos estos secretos. Está su escritorio, que encontró flotando en el Océano un día y lo tomó como un regalo del mar: una puerta de algún barco naúfrago. Todavía se conserva su cama, que compartió con Matilde, su tercera y última mujer; y donde estuvo hasta cuatro días antes de morir, en 1973, enfermo de cáncer de próstata. Tenía 69 años. En Isla Negra también está su tumba, mirando al mar y con Matilde al lado.
Visitar la casa cuesta 3000 pesos chilenos, que son para la fundación que lleva su nombre, y que se encarga de proteger y difundir su patrimonio. Pero con fundación o sin ella, Neruda es el chileno más internacional y uno de los poetas más grandes. Afortunadamente, ni siquiera cuando calla está como ausente.
Despidiéndome de Valparaíso

El Paraíso de Valparaíso
Valparaíso se llama así en honor a un pueblo de la sierra de Cuenca (España), que era el lugar de procedencia de la persona que fundó esta maravillosa ciudad chilena: Juan de Saavedra.
Sin duda es una de los lugares de Chile que más me ha gustado y lo he disfrutado todo lo que he podido; visitándolo en varias ocasiones, hablando con los tenderos y artesanos, tomando café en sus bohemios establecimientos…
Sin embargo, a finales de esta semana me marcharé a pasar la última etapa de este viaje a Santiago, la capital; así que he pasado por Valparaíso fugazmente para despedirme.
Seguramente no volveré a ver esta preciosa ciudad nunca más en mi vida; pero se ha hecho un hueco en mi Lista de Ciudades Euromillón y en mi memoria visual.
He hecho algunas fotos durante mi paseo de despedida y me he emocionado mucho al verlas en casa, porque a pesar de que soy una pésima fotógrafa, Valpo ha sabido premiar mi admiración haciendo relucir todavía más sus colores. Disfruten de las imágenes si sus conexiones lo permiten y por favor, no se mueran sin visitarla.
Pinocheteando
Ya he vuelto de la excursión argentina y creo que los tiempos de la Quinta Región se van extinguiendo: me apetece vivir en Santiago por un tiempo, para aprovechar toda esa vida cultural que tiene la capital; primero por ser capital y luego por ser Chile. Y es que este país tiene un movimiento, hervor e incandescencia culturales que ya las quisieran los mejores países de la Unión Europea (con todos mis respetos).
Pero no venía a hablar hoy de mis mudanzas geográficas. Hoy quiero compartir, desde esta ventanita, lo que voy aprendiendo sobre la historia de Chile.
El otro día visité la Casa de la Moneda en Santiago. Aunque aparentemente es un edificio normal, que sirve como edificio presidencial, allí fue donde el 11 de septiembre de 1973 el General Pinochet dejó caer un par de bombas, para luego entrar y fusilar al que había sido elegido democráticamente como presidente, Salvador Allende. Allí fue, por tanto, donde comenzaron los dieciocho años de Dictadura en los que Pinochet cometió secuestros, asesinatos y muchas otras barbaridades de los que desgraciadamente quedó impune, siendo la máxima aproximación a la Justicia la que realizó Baltasar Garzón. Nuestro Garzón.
Hace 33 años, había campos de concentración en Chile. ¿Dónde estabas tú hace 33 años? ¿Y tu padre? ¿Y tu madre?
La verdad es que la Historia nunca fue mi asignatura preferida, pero estar aquí y ver las cosas con mis propios ojos aporta una sensación de realidad que no estaba en los libros ni en las aburridas clases con los profesores del Alfonso II.
Para los que quieran saber más, hay un documental titulado “Un diplomatique français à Santiago” que explica mucho mejor que yo la crónica de esos tiempos. Como decía Ernesto Sábato, “nunca más”.
La Cueca
El día que Nat y yo tomamos un café, tuvimos la suerte de ver un espectáculo de cueca. La cueca es el baile nacional chileno, se baila por parejas o en grupo y es todo un elogio a la seducción. Siguiendo el ejemplo del gallo y la gallina, el hombre baila persiguiendo a la mujer, que sonríe y se contonea con toneladas de sensualidad y coqueteo.
Ambos llevan un pañuelo que agitan por encima de sus cabezas, imitando la cresta de estos animales. Sin duda es curioso y entretenido de ver, también por los trajes que visten: ellas con lujosos vestidos y un moño con una flor y ellos con unas enormes botas con espuelas, pantalones, camisa, una chaquetita y un sombrero plano. Además, no es un baile fácil: los hombres dominan el zapateado, mientras que las mujeres se pasean dando vueltas con complicados pasosde baile.

Los Penitentes
El esquí siempre me ha parecido un deporte elitista, por lo caro que es practicarlo. Sin embargo hay lugares donde todavía es asequible para mi bolsillo: es el caso de los Cárpatos (una experiencia que no olvidaré) y de los Andes argentinos.
Hay una estación de esquí a algunos kilómetros de la ciudad de Mendoza que se llama “Los Penitentes”. Tiene todos los servicios necesarios, además de muchísima nieve. Lamentablemente yo no sé esquiar y no sé muy bien porqué, tengo la certeza de que si lo intento, me voy a romper una rodilla (presentimientos irracionales que me poseen respecto a algunas cosas); así que disfruté de la estación a mi manera: jugando con la nieve, enterrándome al caminar hasta casi la rodilla por algunas zonas en las que la nieve estaba muy blandita, montando en telesilla y haciendo fotos.
En la mayoría de las fotos que se ven a continuación salgo con los ojos cerrados. Eso se debe a que el sol se reflejaba en la nieve y literalmente, me dolían los ojos al recibir tanta claridad. Espero que ustedes lo sepan comprender, una ama demasiado sus retinas y córneas como para pagar ese precio por salir estupenda en el fotorreportaje

El Puente del Inca
A los pies de los Andes hay una formación natural que se llama el “Puente del Inca”. Se trata de un puente de piedra natural que permite cruzar el río Mendoza de una orilla a la otra. La verdad es que es bastante impresionante pensar que se formó sin la intervención de la mano del hombre.
Hay dos explicaciones al respecto; una científica y otra mágica. Yo como siempre, me quedo con la segunda; pero cuento las dos para satisfacer todos los gustos.
La científica dice que hace muchos años, había un glaciar debajo del puente. Los sedimentos y las sales minerales se fueron acumulando encima del glaciar, y al desaparecer éste de debajo, quedó un puente natural.
La mágica dice que hace miles de años un Emperador inca tenía un hijo muy enfermo. Muchos le habían hablado de las propiedades curativas de las aguas de aquel río, así que decidió ir con su hijo para que se sumergiera en el agua. Cuando llegó, pidió a tres de sus guerreros que hicieran de puente humano, para poder cruzar a la otra orilla con su hijo y hacer que se bañara.
Los guerreros se cogieron de los tobillos y el Emperador y el niño pasaron por encima. Y cuando llegaron a la otra orilla, se dieron la vuelta para decir a los guerreros que podían levantarse y… ante su sorpresa descubrieron que se habían petrificado, formando el puente del Inca.
¿Quién necesita explicaciones científicas pudiendo soñar?
