Ex-expatriada en Româniă

(o Miri de nuevo en Madriz)

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Transtorno Límite de la Personalidad: ser borderline.

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Hacía mucho que no escribía un post sobre psicología, pero gracias a lifestraveller, vuelvo al filón. Hoy vamos a hablar del Transtorno Límite de la Personalidad, también conocido como borderline.

Janis Joplin, supuestamente borderline.

Janis Joplin, supuestamente borderline.

Antes de empezar con los criterios diagnósticos del DSM IV, decir que es una enfermedad que afecta mucho más a mujeres que a hombres: más de un 75% de las víctimas del TLP son féminas. Además, parece que está causado por diversos factores que confluyen: hay causas biológicas y genéticas (desórdenes muy claros en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal) que junto con una determinada combinación de factores ambientales hacen que los sujetos desarrollen el transtorno.

Entre esos factores ambientales se encuentran los traumas infantiles (más del 70% de afectados cuentan que han tenido abusos sexuales, maltrato, o que han sido víctimas de divorcios muy problemáticos, etc. durante su infancia), un apego inadecuado a sus padres o referentes (autoridad extrema, mala comunicación, falta de estructuras de apoyo emocional claras…) Podríamos decir que el TLP o borderline es una enfermedad que tiene sus raíces en la infancia, ya que sujetos que podrían ser proclives genéticamente hablando pero que recibieron un educación y una comunicación adecuada con sus padres, no tienen una tasa de prevalencia tan alta.

Aunque cuidado. El hecho de que no tengamos la vulnerabilidad genética o de que nuestros padres nos hayan criado sanos y felices no impide que desarrollemos la enfermedad. Hay casos de adultos sin ninguna de estas dos características que también enferman de TLP. Los expertos dicen que hay también factores que se pueden dar en la edad adulta que hacen que apareza este transtorno de la personalidad. Entre ellos destaca, con mucha diferencia, el sometimiento del sujeto a situaciones muy estresantes que no es capaz de afrontar. Afortunadamente, son muy pocos, ya que normalmente se desarrolla un síndrome de estrés post-traumático que si es tratado a tiempo, no tiene por qué conducir a un TLP.

Cuidado con confundirla...

Cuidado con confundirla...

Ahora que ya tenemos claro por qué alguien tiene esa enfermedad, describamos un poco sus síntomas. Son tantos y tan variados que es frecuente que se confundan con otras enfermedades mentales, como la depresión o el transtorno bipolar. Así que el diagnóstico diferencial es muy importante.

Un paciente es borderline cuando:

- Tiene cambios bruscos en el estado de ánimo (de la alegría a la tristeza), pero le duran poco, casi siempre menos de un par de horas. Hay un desencadenante de esos cambios de humor, el sujeto sabe lo que le hace pasar de un extremo al otro, aunque no justifique la intensidad. Soy muy reactivos emocionalmente hablando, suelen tener ira incontrolable en determinadas situaciones.

- Son muy dependientes de los demás, tienen mucho miedo a un abandono. Esto les hace tener baja la autoestima, inseguridad, idealización de los demás, relaciones interpersonales muy inestables. Además, suelen amenazar con el suicidio, automutilarse, y tener conductas muy dañinas para ellos mismos (gastar todo su dinero, atracones de comida, hipersexualidad, abuso de drogas, etc.).

- En situaciones de mucho estrés, pueden tener alucinaciones. Lo importante (y que les diferencia de los esquizofrénicos) es que son conscientes de que se trata de una alucinación, y son capaces de distinguir la realidad.

Afortunadamente, poco a poco va habiendo avances en el tratamiento de esa enfermedad.  Lo más eficaz, como siempre, es la combinación de fármacos y de terapia con un psicólogo. También parecen altamente efectivos los grupos de apoyo. Si existe un riesgo real de suicidio o las mutilaciones son graves, se suele hospitalizar también a los pacientes durante algunos periodos de tiempo. El pronóstico, lamentablemente, no es muy bueno: se trata de un transtorno crónico.

Escrito por Míriam

Viernes, 11 /09/2009 a 08.00

De dónde saco la ilusión:

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Hablaba el otro día con alguien por el Gtalk, contándole los próximos retos que quiero poner en marcha: aprender Photoshop y CSS, para sentirme más libre con todo esto del diseño web. Y me quedaba sorprendida ante la respuesta de mi conversante: “yo de mayor quiero tener la ilusión que le pones a las cosas”.

Es cierto que cuando las personas me conocen, coinciden en destacar mi capacidad de ilusionarme.  “Parece que es la primera vez que ves el mundo”. “Tienes siempre esa mirada curiosa”. “Eres como una niña que está descubriendo todo”. Yo misma soy consciente de ese rasgo tan mío. Pero a raíz de la frase de mi conversante de Gtalk me dió por hacerme una pregunta:

¿Por qué cuando nos hacemos adultos perdemos esa capacidad de ilusión y curiosidad ante el mundo? ¿Por qué es algo propio de niños? ¿Qué pasa en la niñez que termina con ese ánimo de sorpresa ante las cosas que nos encontramos cada día?

Hoy vengo con los deberes hechos y muy contenta, porque he encontrado las raíces de mi ilusión. Y como este blog está bajo licencia Creative Commons, lo voy a compartir con todos los que tengan ojos para leer lo que viene a continuación:

Os presento a Eleanor

Os presento a Eleanor

Eleanor Duckworth es una psicóloga que trabaja como profesora en la Universidad de Harvard, dentro del mundo de la psicología educativa. Se ha especializado dentro del aprendizaje constructivo, así como en las teorías cognitivas de la educación.

Es una persona muy importante porque trabajó con el mismísimo Piaget, llegando incluso a traducirlo. Ha escrito varios libros, pero tiene uno  titulado “Cuando surgen las Ideas Maravillosas” que es el que voy a citar como una bellaca en este post para explicar qué pasa para que se nos suicide la ilusión al crecer.

Dice, textualmente:

duckworth

Para profundizar sobre el libro (cuenta casos de niños muy interesantes y divertidos) aquí dejo el link de la biblioteca de googlebooks. Que nadie se pierda la historia de Hank y las bombillas: yo me quedé más que boquiabierta. Viva el espíritu infantil que tan felices hace a los niños… ¡y a algunos mayores! :-)

Escrito por Míriam

Martes, 18 /08/2009 a 08.00

Test de Rorscharch

con 18 comentarios

La primera lámina, que para mí es una preciosa mariposa.

La primera lámina, que para mí es una preciosa mariposa.

Muchas personas, cuando saben que soy psicóloga, me preguntan sobre los tests, sobre todo por el de Rorscharch; que es ese en que se presentan manchas simétricas de tinta y el paciente interpreta lo que ve en él. Es uno de los tests más famosos: ha aparecido en el cine, todo el mundo lo conoce y bromea sobre él. Pero vamos a conocerlo un poco más en profundidad:

El test de Rorscharch es un test proyectivo de la personalidad. Personalmente, no me gustan mucho las pruebas proyectivas, pero reconozco en el caso de Rorscharch se ha hecho un esfuerzo por sistematizarlo, y pese a que al principio el test de Rorscharch era bastante aleatorio, después se realizaron una serie de estudios que permiten establecer ciertas correlaciones entre las interpretaciones que los sujetos dan y la posible patología que se encuentra detrás. Claro que, no hay que olvidar que una correlación no permite inferir una relación de causa-efecto.

Si algún día tienen que evaluar mi perturbada mente, exigiré que me pasen un MMPI. El Rorscharch me gusta más como láminas decorativas en el despacho que tendré en mi casa del futuro ;)

Escrito por Míriam

Viernes, 22 /05/2009 a 08.00

Síndrome de Alexander.

con 9 comentarios

Leo en el periódico (y en todas partes) que la gente de la SGAE cobró derechos de autor a una familia que organizó un concierto benéfico para poder costear las medicinas que su hijo, afectado de Sindrome de Alexander, necesita. Antes de dar mi opinión sobre este hecho quisiera explicarle al mundo qué es eso del síndrome de Alexander.

¡Muchas neuronitas como esta!

¡Muchas neuronitas como esta!

Como todos sabéis, en nuestro cerebro tenemos neuronas: células nerviosas que transmiten el impulso eléctrico. Si juntamos todos los cuerpos neuronales (somas) y también las dendritas, formamos lo que se conoce como sustancia gris. Por otro lado quedan los axones, que son fibras laaargas que se encargan de conducir el impulso eléctrico desde el cuerpo de la neurona hasta la dendrita (donde están las sinapsis). Para que el impulso vaya más rápido, los axones están recubiertos de mielina, por lo que tienen un color blanquecino. Por eso, al conjunto de axones se le denomina sustancia blanca.

En aquellas personas que tienen el síndrome de Alexander, la sustancia blanca del cerebro es progresivamente destruida. Hay diferentes hipótesis sobre el porqué de esta destrucción, pero la más sólida indica que es un problema en los astrocitos, que son unas células que cumplen una función estructural.

Si destruimos la sustancia blanca de un cerebro (o peor aún, no dejamos que se forme, que es lo que ocurre en niños que nacen afectados con el Sindrome de Alexander) hay retrasos muy graves en el desarrollo motor (el impulso electrico no se trasmite igual de bien que en un cerebro sano, sufren parálisis muy graves, problemas incluso para tragar…). El retraso mental es también muy grave, y suelen padecer epilepsia. Afortunadamente es considerada una de las “enfermedades raras”, lo que quiere decir que su prevalencia en la población es muy pequeña.

En el fondo, somos bueeenos...

:- )

Se están desarrollando fármacos en Estados Unidos, pero todavía son versiones muy experimentales, con unos costes brutales (175.000 euros, he leído en el periódico). Por eso, esa familia hizo un acto benéfico, porque parar la destrucción de mielina (por no hablar de activar su reconstrucción) es muy caro.

Así que, ahora que ya sabemos lo que es el síndrome de Alexander, ya podemos decir con toda la contundencia que las personas de la SGAE que han reclamado esos derechos de autor son seres humanos muy, pero que muy despreciables; pero yo les perdono porque he leído que van a devolver el dinero a esa familia y como soy de las que piensan que en el fondo, los seres humanos somos buenos, sé que devuelven el dinero porque se habrán arrepentido de corazón de un acto tan miserable.

Escrito por Míriam

Jueves, 7 /05/2009 a 08.00

Motivacción

con 3 comentarios

La motivación es algo que te mueve a la acción. De hecho, debería llamarse motivacción, pero ya se sabe como es esto de los idiomas: a mí me están diciendo todo el día que me invento palabras, cuando lo único que hago es comunicarme. Hay veces que no existe una palabra mejor para expresar una idea, y entonces hay que invéntarsela. Pero cuidado: si alguien sabe una palabra real que quiera decir lo mismo, yo la adopto encantada.

Motivacción!

Motivacción!

De todas formas, no venía yo hoy en modo RAE. Dejemos las disertaciones lingüisticas para otro día. Hoy venía a hablar de la motivacción. Decíamos que es algo que te mueve a la acción, y ese algo puede estar dentro de tí o fuera de tí. Por ejemplo, si tu vas a trabajar porque cobras a fin de mes, tu motivacción es extrínseca. Pero si vas a trabajar porque te sientes realizado o porque te gusta lo que haces en tu trabajo, tu motivacción es intrínseca.

Y entonces, cuando yo cuento esto, la gente se pone a discutir sobre que claaaro, lo ideal es que la motivación sea intrínseca, porque que feo que lo que te mueva a la acción sean las recompensas del exterior, y hay algunos valientes que me lo relacionan con la pirámide de Maslow y me dicen que cuánto más arriba se está, más intrínsecas son tus motivaciones y cuanto más abajo, más extrínsecas (y meten el concepto de necesidad y hacen un doble salto mortal mientras me guiñan un ojo).

Y yo les miro y les miro y les miro. Es flipante como piensa la gente. Y entonces, cuando empiezan a repetirse como el pimiento, empiezo hablando muy bajito (porque es como mejor se capta la atención de la gente, mucho mejor que gritando) y digo…

“Ya lo dijo Roosvelt”.

Y me callo. Y la gente abre los ojos y me piden que siga, algunos ruedan por el suelo como si estuvieran ardiendo porque no pueden de la impaciencia, otros me aprietan el brazo como si yo fuera un Gusiluz y se me fuera a encender la cabeza o algo. Y entonces, sigo.

“Roosvelt dijo: ‘En cualquier momento, lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada’.”

Escrito por Míriam

Sábado, 18 /04/2009 a 08.00

Síndrome de Down

con 6 comentarios

Soy lectora del Pais y hace un par de días me encontré con que el periódico ha puesto en marcha un reportaje que saldrá en un suplemento sobre las personas con Sindrome de Down; que lleva como bandera un “Nosotros también podemos”.

¿Ves algo raro?

¿Ves algo raro?

Todos conocemos a alguien con síndrome de Down y todos hemos visto a algún Down por la calle en varias ocasiones. El primero que estudió seriamente este síndrome fue John Langdon Down, un médico que trabajaba en un hospital para enfermos mentales en el año 1886. Para el que no lo recuerde, las personas afectadas con síndrome de Down son así porque mientras que todos tenemos 46 cromosomas organizados en 23 parejas, la inmensa mayoría de ellos tienen 47 cromosomas: 22 parejas y un trío (o trisomía en el par número 21).

Toda una evidencia de que a veces no es cierto eso de “más vale que sobre”, verdad?

El meollo de la cuestión es: ¿y porqué se produce esa trisomía? ¿En que se equivoca el material genético de los padres al construir el nuevo de los hijos?

Existen tres formas de que se produzca la trisomía del par 21. Todos tenemos 46 cromosomas ordenados en parejas porque en cada pareja, uno es de nuestra madre y el otro es de nuestra padre.

Pero, ¿qué sucedería si, por error, mi madre me enviara sus dos cromosomas? Mi padre me enviaría solo uno, que es lo normal… y entonces el ser humano resultante se encontraría con 3 cromosomas en el par 21 y por tanto, síndrome de Down. Un error fatal, provocado casi siempre por el envejecimiento celular, que hace que la división del par de cromosomas para formar óvulos y espermatozoides sea defectuosa. Por eso, cuando las mujeres mayores de 40 años tienen hijos, la probabilidad de que se vean afectados por el síndrome de Down es mayor: sus células ya está “envejecidas”. El 95% de los casos de síndrome de Down se producen así. Mientras que la incidencia normal de este síndrome en la población es de 1 por cada 700, cuando la madre tiene 35 años llega a 1 de 200… y si la madre es mayor de 40 años, la tasa es 1 entre 40. Pero cuidado, porque también puede ser que el padre envíe sus dos cromosomas en su espermatozoide. Se calcula que un 15% de los casos se trata del espermatozoide, mientras que en un aplastante 85% el error está en el óvulo.

Otra posibilidad es que durante el reparto del material genético, un trozo de un cromosoma del par 21 se mueve y por error, se pega a otro cromosoma (casi siempre al par 14). Esto se llama translocación y el resultado es una especie de cromosoma 14 que tiene un trozo de 21. El recuento genético de la persona es normal: tiene 46 cromosomas (23 pares) pero al expresarse la información de ese par 14, la persona tiene síndrome de Down. Claro que cabe la posibilidad de estar sano: es perfectamente posible que muchos de nosotros portemos una translocación y no lo sepamos. Eso explicaría muchas cosas, verdad? :-) :-D Solo un 3% de las personas afectadas por Síndrome de Down tienen translocación.

Por último, existe el mosaicismo. En el mosaicismo lo que ocurre es que la persona tiene 23 pares de cromosomas pero que en alguna fase de la división celular, se produce una mutación por la que el cromosoma 21 se triplica. Así, todas las células que se formaron antes de la mutación son normales, mientras que las que se formaron después de la mutación presentan la trisomía. Se trata del 2% restante de los afectados por el síndrome.

Escrito por Míriam

Sábado, 28 /02/2009 a 08.00

¿Qué es la Depresión?

con 8 comentarios

Este post inicia un conjunto de entradas que tenía en mente desde hace mucho tiempo: los transtornos mentales más habituales descritos para todos los públicos. Huelga decir que la información que aquí se expondrá no constituye en ningún caso una herramienta de diagnóstico (y menos aún de autodiagnóstico), así que si alguien se siente identificado y le preocupa, le ruego que busque ayuda profesional.

Disclaimers aparte, he decidido comenzar con la depresión por ser un problema de salud que sufre alrededor de un 15% de la población general en algún momento de su vida, y un 6% de forma crónica. Siete de cada diez afectados por depresión son mujeres, y el 15% de los pacientes que padece depresión deciden quitarse la vida: 850.000 personas se suicidan cada año en todo el mundo porque no encuentran otra salida a su estado depresivo.

121 millones de personas en todo el mundo sufren depresión.

121 millones de personas en todo el mundo sufren depresión.

La depresión es un transtorno mental que se caracteriza por un decaimiento del estado de ánimo general, dificultad para disfrutar de las cosas que antes nos daban placer con la consiguiente pérdida de interés generalizado, baja autoestima, culpabilidad, insomnio, desórdenes en el apetito y la capacidad de concentración. Existen varios tipos de depresión: la depresión mayor, la distimia y el transtorno adaptativo.

Popularmente y para desgracia de los que sufren este transtorno, se concibe la depresión como “una excusa” para coger bajas laborales o como una enfermedad que sólo ocurre ante grandes desgracias, como la muerte súbita de un familiar. Asimismo, muchas personas consideran que la depresión es algo que ocurre a los débiles de carácter, que no saben sobreponerse a las dificultades de la vida diaria. Pero como veíamos antes, las cifras hablan por sí solas: 850.000 muertes no parecen una “excusa” para una baja laboral, y un 15% de la población es una cifra nada despreciable.

La complejidad de la depresión reside en su diagnóstico: hoy por hoy no existe ninguna forma que nos permita asegurar al 100% que una persona la padece: ni técnicas de neuroimagen, ni análisis bioquímicos… nada nos da la total certeza.

Las causas de la depresión son muy variadas: hay un componente genético y otro bioquímico (que tiene que ver con las hormonas y algunos neurotransmisores, como la serotonina) que se interrelacionan entre sí. Pero también tiene fuertes raíces en aspectos psicológicos (personalidades con algunas cualidades llevadas al extremo, como inseguridad, autoexigencia, perfeccionismo) y sociales (el tipo de educación, la relación con la familia, etc.). Visto así, queda claro que la depresión no puede curarse solo mediante fármacos (un 40% de los pacientes no se curan mediante terapias farmacológicas) sino que la terapia psicológica (para esos aspectos de personalidad) y sobre todo, el apoyo del entorno social del paciente también son fundamentales.

Todos conocemos a alguna persona que ha sufrido depresión y en muchos casos intentamos “apoyar” a esas personas restándole importancia al problema (“ánimo, que esto no es nada”) o intentando hacerles reaccionar (“¡¡cómo puedes decir que tu vida es una mierda!!). A pesar de que siempre se hace desde la buena intención y el deseo de ayudar, la actitud a adoptar con alguien que padece depresión es la de comprender, escuchar y ser pacientes.

La depresión es una enfermedad real. No se trata de que alguien se queda en la cama por vagancia. No es que alguien deje de ducharse, de salir a la calle por pereza. Dice la OMS que en el 2020 la depresión será la segunda enfermedad incapacitante del mundo; solo superada por las enfermedades cardiovasculares. Asi que por favor, cuida tu corazón, colesterol y triglicéridos; pero también cuida de tu alma.

Escrito por Míriam

Miércoles, 4 /02/2009 a 09.00

Con P de Psicología.

con 18 comentarios

Hoy voy a explicar porqué me cabreo cuando alguien escribe psicología sin la p, y porqué me niego a aceptar que el DRAE comulgue con ruedas de molino y acoja entre sus páginas “sicología”.

Lo que estudian los Sicologos.

Lo que estudian los Sicólogos.

Psicología es con P, por mucho que por ahí se empeñen en otras cosas. Todo tiene su porqué. Psicología significa “ciencia” que estudia la “mente”. Psico + Logía. Sin embargo, Sicología es “ciencia” que estudia los “higos”, puesto que sico es la raíz culta en latín de higo.

Yo no estudio higos. No sé nada de los higos y no quiero saber nada de higos. De hecho, ni siquiera me los como, y me da igual que sean higos chumbos o no. Más bien estoy hasta el higo de tanta modernización del castellano y tantas pamplinas. Un poquito de respeto hacia los psicólogos del mundo, que aunque sea de higos a brevas, también hacemos el bien! :D

Escrito por Míriam

Viernes, 23 /01/2009 a 09.00

¿Qué es somatizar?

con 17 comentarios

Cuando estamos sometidos a ciertos niveles de estrés, cuando nos ocurren cosas que nos preocupan o nos generan estados ansiosos; es muy frecuente que “somaticemos” esos estados mentales en forma de problemas físicos. Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que nuestro malestar orgánico puede estar relacionado con una causa psicológica, pero es posible que así sea. Es importante escuchar a nuestro cuerpo, porque quizá ese dolor de estómago no indique una úlcera sino altos niveles de preocupación por una situación vital que nos está costando manejar.

¡También se dice que existe una relación entre Somatización e Hipocondria!

¡También se dice que existe una relación entre Somatización e Hipocondría!

El término “somatizar” (que no hay que confundir con sodomizar) fue acuñado en los años 20 por un autor psicoanalista (Stekel), que lo definió como “un proceso inconsciente” que deriva en un transtorno corporal. Se supone que nuestros “mecanismos de defensa” no permiten que expresemos conscientemente lo que nos preocupa, y entonces la mente lo canaliza en forma de enfermedad.

El concepto fue revisado posteriormente en la literatura, y así encontramos a Lipowski, que considera que la somatización tiene tres partes: la percepción, en la que identificamos algo que va mal (un dolor de estómago); la evaluación cognitiva, en la que atribuimos ese malestar a una causa (me preocupa mi trabajo); y la búsqueda de ayuda para paliar ese malestar (voy a hablar de mi trabajo con mi grupo social de apoyo para desahogarme). Parece obvio pero es muy importante porque ¿qué pasaría si la causa a la que atribuimos el malestar no es la correcta? ¿y si no tenemos las estrategias adecuadas de búsqueda de ayuda?

No es casualidad entonces que este mes se me haya adelantado brutalmente la regla (cuando suele ser al revés). O que ayer me haya pasado el día con una hermosa gripe y 38 de fiebre. Parece que a mi cerebro le preocupa más que a mí la recién estrenada situación laboral que estoy viviendo. De todas formas, no pasa nada: tras percibir mis síntomas, he sido capaz de identificar la causa. Y tengo buenas estrategias de búsqueda de ayuda; así que vamos a dejar que “salga” todo lo que tenga que salir, aunque sea en forma de mocos ;)

¿Alguien más se pone enfermo cuando algo le preocupa?

Escrito por Míriam

Martes, 13 /01/2009 a 09.00

Disonancia Cognitiva

con 7 comentarios

¿A qué tiene cara de bueno?

¿A qué tiene cara de bueno?

Hoy vamos a hablar de la teoría de la disonancia cognitiva, que fue pensada y escrita por un grandísimo psicologo social llamado Leon Festinger en los años 60.

Esta teoría dice que nuestras cogniciones (nuestros pensamientos, creencias, ideas) tienen que ser congruentes entre sí. Por ejemplo: “quiero mucho a mi abuela” y “quiero que mi abuela esté bien” son dos pensamientos que son congruentes entre sí. Necesitamos que nuestros pensamientos sean coherentes unos con otros, porque si no, aparece la “disonancia cognitiva” y no nos sentimos bien. Yo me sentiría mal si pensara “quiero mucho a mi abuela” y “voy a hacerle daño a mi abuela”.

Está claro que todos los días experimentamos disonancias cognitivas. Por ejemplo, cuando una persona te cae mal pero tienes que ser agradable y educado porque es tu vecina o tu compañero de trabajo. O cuando pensamos que los niños en el tercer mundo se mueren de hambre y que eso es una pena; pero no nos paramos ante el voluntario de Unicef que quiere que ayudemos a la ONG.

Festinger dice que cuando experimentamos una disonancia cognitiva, ponemos en marcha ciertos mecanismos para reducirla.

¿Cómo que no es una pipa? (René Magritte)

¿Cómo que no es una pipa? (de René Magritte)

- Uno de los mecanismos más básicos y sencillos es cambiar una de las dos cogniciones, de forma que dejen de ser disonantes. Por ejemplo, si yo pienso que “mi vecina es tonta” y que “soy agradable con mi vecina”, puedo cambiar y decir: “mi vecina es tonta y no voy a ser nunca más agradable con ella” o “voy a conocer mejor a mi vecina para ver cómo es realmente, y mientras la conozco, seré amable”.

- Otro mecanismo, es el autoengaño, de forma que “mi vecina es un poco tonta, pero no es tan tonta” o “me cae un poco mal, pero en el fondo es maja…”. Así, las cogniciones dejan de ser disonantes y volvemos a sentirnos bien. Aquí podríamos escribir un libro sobre el autoengaño ;-) pero no es el momento ni el lugar.

- Otro mecanismo es justificar esa disonancia, para ser capaces de reducirla. Podemos pensar por ejemplo que “mi vecina es tonta” y que “soy amable con la vecina”… pero lo hago solo porque me conviene llevarme aparentemente bien con ella para que no me fastidie tocando la flauta a las 3 de la mañana. Lo interesante de este mecanismo es que las justificaciones suelen ser bastante endebles: tu vecina nunca ha tocado la flauta a las 3 de la mañana, pero tú necesitas una razón que justifique que seas amable con ella mientras piensas que es tonta. (Es más, si hubiera tocado la flauta a las 3 de la mañana, seguramente no le dirigirías la palabra jamás en tu vida). Este es un mecanismo que se pone en marcha con las ONG frecuentemente: a todos nos parece fatal que los niños se mueran de hambre, pero no colaboramos con Unicef porque “seguro que la comida no les llega”, “seguro que se quedan con el dinero”, “seguro que al final es una estafa y me quitan dinero de la cuenta”… y no tenemos ni una sola evidencia objetiva de que con Unicef haya ocurrido eso alguna vez. Pero de nuevo, necesitamos una justificación que haga que podamos sostener la disonancia cognitiva de “los niños se mueren de hambre y eso me apena” con “no quiero colaborar con Unicef”. Este es un mecanismo muy cómodo, porque además, somos expertos en inventarnos excusas y justificaciones.

- Un tercer mecanismo, y que me parece el más interesante, nos dice que somos capaces de mantener una disonancia cognitiva porque alteramos el valor que esas cosas tienen para nosotros. Por ejemplo: “mi vecina es tonta” y “soy amable con mi vecina” se mantendría porque yo pensaria que es extremadamente importante que la convivencia en el edificio sea buena, más allá incluso de ser sincera conmigo misma. Quizá este ejemplo no es el más adecuado, así que voy a poner otro que lo va a clarificar mucho más y que además enlaza con el tema con el que quiero terminar.

Para muchas personas, “amar es sufrir”. Eso es una disonancia cognitiva brutal; porque amar, que es la expresión de la máxima afinidad entre dos personas, un tipo de unión en la que te preocupa más la felicidad del otro que la tuya, así como su bienestar… se convierte en un acto que te provoca dolor y sufrimiento. Normalmente, las personas solucionan esa disonancia cognitiva con el primer mecanismo, esto es, cambiando una de las dos cogniciones: “amar es sufrir” me produce disonancia así que… “amar no es sufrir”, con lo cual si sufro es que no amo (o no me aman). Cuando esto ocurre, y nos damos cuenta de que “amar se ha convertido en sufrir”, lo que hacemos normalmente las personas es darnos cuenta de que eso ya no es amar, y entonces, terminamos con la relación.

Sin embargo, hay personas que intentan reducir la disonancia aceptando que efectivamente, amar es sufrir, y lo pueden hacer de acuerdo a los mecanismos que veíamos antes:

- Amar es sufrir, pero me autoengaño, porque en el fondo… no sufro tanto.

- Amar es sufrir, y me justifico, porque “solo las cosas dificiles merecen la pena”, porque “abandonar sería lo más facil”, “porque no soy una persona cobarde, me voy a enfrentar y voy a luchar”…

- Amar es sufrir, sí, pero es que yo le quiero muchísimo y el sufrimiento que voy a tener sin él sería mucho peor que el que tengo ahora.

¿Seguro que amar era sufrir?

¿Seguro que amar era sufrir?

Y aquí entran ejemplos estrella, como las mujeres maltratadas. Para ellas, amar es sufrir; pero en el fondo no sufren tanto, porque solo le pega cuando viene borracho… o cuando ella hace algo mal, o cuando en el trabajo le estresan… en el fondo, no es para tanto. O amar es sufrir, pero porque hay que aguantar, no se puede romper un matrimonio por un bofetón… Una mujer maltratada también piensa frecuentemente, que su marido le pega y eso le hace daño, pero ¿cómo va a separarse y sacar adelante sola a los niños? Eso si que sería mucho mas dificil de conseguir que aguantar el maltrato! Los niños tienen que seguir yendo al colegio privado, porque su educación es fundamental, así que voy a seguir aguantando por ellos, porque si me voy de casa, no puedo pagarlo. Justifico mi disonancia de acuerdo a una meta.

Vigilad los mecanismos que ponéis en marcha para resolver vuestras disonancias, porque pueden llevaros por caminos poco agradables de explorar. Disonancias siempre tendremos, sí, pero vamos a intentar resolverlas de la forma más “sana”.

Escrito por Míriam

Jueves, 27 /11/2008 a 08.27