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Super Rimi
No es que tenga mucho tiempo libre por llevar dos meses de vacaciones ininterrumpidas. Es que tengo TODO el tiempo libre. Así que me dedico a pensar cosas inverosímiles y a maquinar las fantasías más geniales. Me he inventado una superheroína que se llama Super Rimi (le he dado la vuelta al nombre para que no me reconozcan, obviamente) y que ajusticia a las personas por las cosas que realmente importan, como las faltas de ortografía, no decir perdón cuando te pisan un pie, o dar indicaciones incorrectas cuando me he perdido y quiero ir a algún lugar.

El mundo necesita una Super Rimi
Super Rimi no parece una superheroína, porque mide un metro sesenta y cinco, tiene clarísimo sobrepeso (y más desde que se ha venido a Chile, porque amigos, una sopaipilla engorda como tres platos de fabada con todo el compango), y no tiene ningún súper poder. Pero eso sí; tiene mal genio para dar y tomar.
Imaginaos la siguiente situación: eeesa Miri que sale de casa, con su portátil a la espalda, camino a un cibercafé. Para llegar al cibercafé hay que caminar como veinte minutos, cuesta arriba, por una carretera general donde los coches pasan a velocidades supersónicas. Antes me peinaba para ir al cibercafé, pero ahora que soy consciente de cómo llega mi pelo gracias a los aires de formula uno que se viven, he dejado de hacerlo, al menos hasta que me compre un bote de laca de fijación extrafuerte o similar.
Total, que llego al cibercafé y le pregunto a la joven que atiende el lugar si disponen de una conexión wai-fai (aquí wifi se dice wai-fai y si dices wifi no te entiende nadie). La señorita me dice que ella no tiene wai-fai. Le imploro que me deje conectar el cable de red a mi computadora (aquí el portátil se dice computadora, y si dices portátil creen que es un taladro portátil multitorno como poco). Me dice que no, porque entonces se le va la conexión.
Yo no entiendo nada, pero como soy una persona con múltiples recursos para la solución de problemas, le digo que si conoce algún sitio en las proximidades donde sí tengan wai-fai. Y me dice que sí, que en TERPEL hay wai-fai. Me da las indicaciones para llegar a Terpel y nos despedimos.

Imagen de la carretera de la muerte
Ilusa de mí, creí que Terpel era otro cibercafé, una tienda de telefonía móvil, un centro de llamados (aquí locutorio se dice centro de llamados) así que me puse en camino. Continué por la carretera general por donde la muchacha me indicó, mientras empezaba a llover. La verdad es que como no me peino y soy asturiana, la lluvia no me importó mucho; aunque el frío propio de la Antártida si que me molestaba bastante. Caminé y caminé por la autopista de la muerte, mientras los micros me esquivaban, pensando que con toda probabilidad me habría perdido y acordándome de las indicaciones de la bondadosa cibercafetera.
Y entonces lo ví.
Terpel era una GASOLINERA en medio de la carretera general. Que sí, que tenía Wifi, pero no había donde apoyar el portatil. Vamos, que podía ponerlo encima de un surtidor o como muchísimo, encima de algún coche que estuviera repostando. Y por supuesto, al aire libre, en medio de la lluvia y con el frío polar.
Y entonces decidí crear a Super Rimi: volví a bajar la carretera a velocidades inusitadas para mis cortas piernas y pensé en entrar al cibercafé y decirle a la señorita que era completamente subnormal, con todas las letras, por enviarme a una gasolinera en medio de la nada. Pero no lo hice, porque a veces es mejor dejar que la gente siga siendo subornormal, no sea que espabilen gracias a mí y encima, les haga un favor. Super Rimi dixit!