Archivo para la categoría "Mirianadas"
Pinchazo

Con todos estos pánicos de país desarrollado con la gripe A, me ha tocado hacer un reconocimiento médico obligatorio por obra y gracia de Recursos Humanos de mi empresa.
Para empezar, me equivoqué con la dirección de la mutua y fui adonde no era, así que me tocó caminar al lugar correcto. Una vez llegué, me llamó un médico con gafas (me gustan los médicos con gafas, porque siempre pienso que las llevan de estudiar tanto y sacar matrículas de honor en la carrera) y después de un examen físico, me pasó con la enfermera, que me miró los ojos, me pesó y midió, me tomó la tensión y me sacó sangre.
Como no llevo muy bien que me saquen sangre, miré hacia otro lado y empecé a hablar para entretenerme y no pensar en que hay un ser humano (con lo inestables que son los seres humanos) con una aguja clavada en mi brazo. Así que le pregunté que porqué se había hecho enfermera.
Me contó que desde niña, llenaba las muñecas de esparadrapo y mercromina. Era vocacional. Así que estudió la diplomatura y trabajó dieciocho años en el Hospital, estuvo en la UVI, en diferentes áreas, incluso en urgencias.
Como no tengo vergüenza de preguntar (porque además creo que cuando tu hablas a la gente, la gente te habla a ti) le pregunté que qué hacía una enfermera con tan buena trayectoria y experiencia trabajando en una mutua, que es el sitio más rutinario del mundo mundial.
Y entonces ella me explicó que en el hospital trabajaba a turnos, fines de semana, muchos festivos, varias Navidades. Llegó un punto donde simplemente quería una vida normal, estar con su familia, tener domingos aburridos como todo mortal. Y entonces yo reflexioné. Y pensé que se nos olvida que cuando vamos al hospital un domingo por la tarde, allí hay profesionales. Que si te pones malo por la noche y te acercas a urgencias, allí están todos de madrugada. Nunca más me pienso quejar por esperar demasiado en la sala de espera, porque ellos también son personas que se sacrifican para que tú y yo tengamos garantizado el derecho a una vida plena sin dolor ni sufrimiento.
…y hablando de sufrimiento: el pinchazo no me dolió casi nada
Danza de la Fabada
No sé si soy la única que se da cuenta, pero estamos a Seis de Noviembre y yo no veo que esté lloviendo ni que haga un frío invernal real. No me estoy quejando porque tengo un precioso abrigo de color morado deseoso de salir del armario, ni es que quiera pasearme por las calles de Madrid acariciando el pompón superior de mi gorro de lana rumana. No.
A mi lo que me preocupa es que si no llueve, la huerta asturiana se va al carajo, y si eso pasa, en 2010 no habrá fabas para comer fabada.

Una fabada como esta de rica
No sé a vosotros, pero a mí me cunde el pánico. Así que ni corta ni perezosa este fin de semana lo pasaré en Asturias: fabadeando mientras pueda.
La historia de cuando me envolvieron la cabeza como si fueran 200 gramos de jamón york.
Un día me levanté con ganas de probar cosas nuevas y mi espíritu aventurero me llevó a la peluquería. Me senté en el lavador de cabezas y la señora peluquera detectó enseguida mis ganas de innovar: me sugirió un baño de brillo. A mí me pareció una idea fantástica (quién sabe, a lo mejor podría empezar a brillar en la oscuridad, en plan radioactivo) así que acepté.
La señora peluquera me untó una pasta blanquecina en el pelo y después vino hacia mí con un montón de papel de aluminio. Ni corta ni perezosa me envolvió la cabeza con el papel y me sentó en una silla, poniéndome unas cosas que daban calor alrededor de la cabeza.
Me sentí como doscientos gramos de jamón de york. Y no pude reprimir eso de sacar el móvil y hacerme algunas fotos: he aquí el reportaje fotográfico de Miri con cara de jamón de york.

Una vez pasados los primeros minutos de frenesí, me dí cuenta que tengo cierto parecido con Ali Babá: el turbante me favorece sumamente. Por no hablar del escándalo que podría montar la próxima vez que fuera al aeropuerto gracias al detector de metales!
Mandarinas Liliputienses
Dicen que la felicidad está en las cosas pequeñas.
Eso debió pensar Arol cuando pensó en regalarme una plantita el lunes pasado: me compró un mandarinero liliputiense. Por supuesto, es un regalo corporativo, con las bolitas de color naranja.

Ahora, tengo que regarla y cuidarla. Quizá, si me esfuerzo mucho, algún día consiga cosechar una mandarina de tamaño natural!
Desde que tengo uso de razón, he tenido cierta conciencia ecológica. Recuerdo que recibía en casa los boletines de Greenpeace con 14 o 15 años, y era el terror de mis amigos en el instituto con mis discursos sobre “no regales ramos de flores porque se mueren, estás regalando cadáveres, es lo mismo que si te compras un abrigo de pieles”.

Miri la rapapolvos ecológicos...
Con el tiempo, me he vuelto más tolerante, aunque sigo prefiriendo plantas en vez de flores, vidrio en vez de plástico y realizar todas mis impresiones a dos caras en lugar de a una. Soy fan de los carritos de la compra y tengo tres bolsas de tela para evitar las de plástico. ¡Y uso sieeempre el transporte público!
Dicen que la felicidad está en las cosas pequeñas y digo yo que cuidar la Tierra también.
Adoro Addoor
Hace algunos días, Juan Soto de Addoor (una empresa de comunicación y márketing especializada en el mundo 2.0) se puso en contacto conmigo para que acudiera a un acto protagonizado por Javier Reverte en el Hotel Kafka (un espacio de creación literaria, que ofrece cursos y talleres) de Madrid. El asunto tenía que ver con el mundo de los viajes, y al equipo de Addoor les pareció que sería interesante que la Mirichán viajera y escritora de un blog asistiera.
Así que ayer por la tarde me encaminé hacia la calle Hortaleza. Llegué puntual y enseguida empecé a hablar con unos y con otros. Me sentí en mi hábitat, en mi ecosistema: aquellas personas hablaban el mismo idioma que yo; contándome cosas de sus viajes y de sus experiencias. Javier Reverte nos dió una charla muy entretenida, con frases que quedaron debidamente apuntadas en mi moleskine, como “viajar es asomarse a muchas almas”, “no me interesan las piedras, me interesa la gente” y “cuando somos nosotros los que nos equivocamos, nos perdonamos automáticamente”.

Viajar, viajar, viajar sin parar... volar y volar y vuelta a empezar!
Después de unas cuantas preguntas, nos ofrecieron unas bebidas y algunos canapés, y entonces es donde tuve oportunidad de interaccionar con los demás bloggers. Alberto, el chico con las pestañas más grandes que he conocido, me hablaba de sus experiencias en Vietnam y sus planes de futuro con una beca en Japón. Me adentré en el rincón de Sele, que soñaba con abandonar su vida de camisa y corbata para vivir viajando y que le pagaran por ello. Tuve unas palabras con Miss Viajes y con Edu y Eri; también viajeros incansables. Y cómo olvidarme de Aines y de su amigo Carlos, con los que tuve una conversación metafísica sobre la vida y las decisiones que tomamos mientras comí gominolas a puñados.
Pero el mejor momento vino en la conversación interesantísima que tuve con Ana Valeva, la manager de márketing de Addoor. Me contó que descubrió mi blog buscando un desayuno y que le interesó porque ella es de Bulgaria y mi blog huele a Rumanía. Hablamos un rato enorme sobre las genialidades de la cultura rumana, y la verdad es que sentí nostalgia de mi Bucuresti. Hay experiencias que nunca se olvidan, y hay charlas y momentos compartidos que tampoco.
Cochinadas
Ayer Arol y yo habíamos quedado con Alma y Ernesto para verles un rato, disfrutar del pequeño Bitxote y ver una peli los cinco juntos. De camino a Principe Pío pasamos por delante del edificio donde vive mi amigo Juanpe. No me lo pensé dos veces y llamé al portero automático, para decirle “hola” ya que pasaba por delante de su casa.
Arol y yo ya estábamos a punto de seguir con nuestro camino pensando que no estaba en casa cuando de repente, contesta: “¿Sí?”. Después de saludarle, le pregunté qué estaba haciendo para tardar tanto en contestar. Me respondió: “Viendo la tele”.

Viendo la tele... sí, sí...
Yo me morí de la risa y le grité por el micro: “mentira, estabas haciendo cochinadas con tu novia nueva”; “que se entere todo el mundo que los habitantes del 4ºA hacen cochinadas”. Como es obvio, él no perdió tiempo en desmentirlo.
Nosotros seguimos nuestro camino muriéndonos de la risa: he descubierto que me encanta interrumpir a la gente en el momento de las cochinadas, aunque sea solo para tener constancia de que efectivamente, seguimos obedeciendo a nuestros instintos para algo más que cerrar los ojos cuando estornudamos.
Mariposas

Frágiles mariposas
Me encantan las mariposas. No sé muy bien desde cuándo me viene esta especie de fijación, pero me parecen unos insectos mágicos, preciosos. En el mundo hay más de 165.000 especies diferentes, y hay algunas que son especialmente llamativas y bonitas.
Hace algunos años, decidí que aprendería a decir “mariposa” en muchos idiomas diferentes. Y cual sería mi sorpresa cuando me dí cuenta de que parece no seguir un patrón lingüístico. En español se dice mariposa. En italiano farfalla, en portugués borboleta y en francés papillon. No se parecen apenas en nada. En inglés es butterfly y en alemán Schmetterling. En rumano fluturaş y en polaco motyl.

Papalotl (en un códice azteca)
No es esta la única particularidad de las mariposas: hay un montón de leyendas a su alrededor. Por ejemplo, se dice que las mariposas monarcas son en realidad el alma de niños inocentes que han muerto.
En Egipto también las asociaban con la muerte, creían que eran las encargadas de llevar el alma de los guerreros que morían en combate y el alma de las mujeres que morían durante un parto a su lugar de descanso.
Los aztecas llamaban a las mariposas papalotl (en su idioma nativo, que es el náhuatl) que significa “flor voladora”. Y tanto que vuelan. Por ejemplo, las mariposas monarcas consiguen realizar travesías trasatlánticas, cruzando desde América del Norte a Reino Unido y España. Impresiona que un ser tan pequeño vuele tanto tiempo sin parar.
¿Qué sentirán las mariposas cuando están solas cruzando el Atlántico?
"Si quieres que un deseo se haga realidad,
deberás contárselo a papalotl la mariposa.
Como no emite ningún sonido
solo podrá contárselo a Xochiquetzal,
diosa de la alegría y de las flores.
Si pides tu deseo y liberas a la mariposa,
este llegará al más grande de los cielos
y se cumplirá."
(Leyenda Náhuatl)
Movie Star
A mi jefe le han dado un móvil de empresa español para sustituir al móvil con número inglés y que podamos llamarnos sin que nos cueste un ojo de la cara. Llegó a la oficina todo emocionado y me pidió que se lo pusiera en inglés (porque no sabe nada de español). Es un teléfono muy sencillo, un Nokia de los que por tener no tienen ni cámara de fotos; ya que para los emails seguirá utilizando su Blackberry.
Le cambié el idioma y seguimos trabajando. Varias horas después, nos reunimos él y yo para hablar algunas cosas de trabajo. Y como quien no quiere la cosa, me dice que está muy contento con el trato que le dan en el banco como expatriado. Me comenta que el presupuesto le alcanza para alquilarse el apartamento que él quería, que le van a compensar bastante bien con las dietas y que además el teléfono móvil que le han dado es “un privilegio”.
Yo le miro y le digo que con todos mis respetos, mi móvil personal es muchísimo mejor que el suyo, porque tiene cámara y conexión 3G. Y me pide que se lo enseñe. Se lo muestro y le da la vuelta: nada más verlo por detrás me insiste que no, que el suyo es mejor, porque es un móvil para una “movie star” (es decir, una estrella de cine). Y entonces le da la vuelta y me señala el logo de Movistar, mientras me dice super sonriente: ¿ves? Movie Star, Estrella de Cine.

Después del ataque de risa, le expliqué mientras se me partía el corazón que “movistar” es solo la operadora. Todas las semanas tenemos cuatro o cinco anécdotas así, como cuando se despedía de la gente diciendo a voz en grito “Hasta” mientras agitaba la mano, en lugar de “Hasta Luego” porque pensó que era como decir “See you” en lugar de “See you later”.
Qué divertidos son los ingleses, o al menos el que me han adjudicado a mí.
Pabus
El otoño ya está aquí desde hace mucho (fíjate tú que hasta hemos cambiado la hora) y el otro día, en un arrebato de buen humor, decidí dejar de mojarme los pies cada vez que llueve: fui y me compré unos zapatos.
Los quería cerrados pero no ahogantes. Que me los pueda poner y quitar sin agacharme. Aptos para ir a la oficina, pero con algún toque divertido propio de Mirichán. Y por supuesto: negros, baratos, cómodos y del número 39.
Y mira tú por donde, los encontré exactamente con todas esas características.

Criticar es Juzgar
Tengo la sensación de que hay una especie de moda de mordacidad y de ironía afilada como las cuchillas de afeitar. Cuando leo por ahí, hablo con la gente o escucho conversaciones ajenas en el metro y en el autobús, me doy cuenta de que la crítica y el cuestionamiento por deporte campan a sus anchas.
Por supuesto que es bueno hacer críticas al mundo que nos rodea, siempre y cuando sean constructivas. Pero parece que se nos está olvidando qué es hacer una crítica constructiva: es un JUICIO fundamentado en razones válidas, objetivas, medibles; que se realiza sin faltar al respeto y que culmina con la propuesta de una solución viable justamente para corregir aquello que estamos criticando.
Desde mi punto de vista, hay que ser muy humilde y muy sabio para hacer una crítica. Porque le estás cuestionando algo a alguien, y quizá tú te sientas muy inteligente al hacerlo, pero en el fondo lo que estás haciendo es hacer que las personas duden de sus valores, pensamientos, esquemas cognitivos. Eso puede ser muy peligroso, porque aunque esas ideas estén equivocadas, a esa persona le servían para avanzar de un modo u otro en la vida. ¿Le vas a proveer tú de otras ideas que le sigan sirviendo para avanzar en su vida?

La próxima vez que critiques algo o alguien, piensa si de verdad te apetece juzgar. Mide la severidad con la que juzgas, porque esa misma te la podrían aplicar a ti. Y acuérdate siempre de proponer una idea alternativa, porque si tienes huevos para tirar abajo una, hay que tenerlos para crear otra.