Ultimamente, con tanto viaje y tanta locura, no tengo mucho tiempo para escribir. Y es una pena, porque lo que no se escribe, se olvida, sobre todo cuando tenga 95 años y empiece el Alzheimer. Hay que tener historias para contar a los nietos, pero hay que tener memoria para contarlas. Ahí queda eso.
Mi viaje a Cracovia fue muy bien. Desde Madrid no había vuelos directos, lo que quiere decir que cogimos dos aviones: Madrid Munich y Munich Cracovia, los dos con Lufthansa y con comida gratis a bordo. Evité facturar, para que todo fuera mas fluido, y tuve mucha suerte porque en la escala no tuvimos que esperar apenas. Un detalle curioso es que en el aeropuerto de Munich hay unos mostradores llenos de café, tés, infusiones, leche… del que te puedes servir gratuitamente. Si, si, Gratis. Free. En España no puedo imaginarme una cosa así: robaríamos hasta los vasos de papel, y destrozariamos todo. Pero los alemanes… ya se sabe, no tienen flema.
También en el aeropuerto de Munich descubrí los avances de la tecnologia. En la puerta de embarque (la G20 en mi caso) hay unos tornos giratorios, que te dejan entrar si pasas el codigo de barras de tu billete. Asi que ya no tienes que hacer una cola inmensa, ni enseñarle a la azafata tu pasaporte: solo con el codigo de barras, se activa el torno y estas dentro.
Mi jefe y yo fantaseábamos con la posibilidad de robarle el billete a alguien que estuviera esperando en la puerta para Tailandia, y pasar por el torno para irnos de vacaciones gratis. Aunque seguro que te pillarían, cuando la persona se fuera a quejar a informacion… y la vuelta sería muy complicada…
Llegamos a Kraków puntualmente, y nos cogimos un taxi al hotel. El taxi era polacohablante, pero aceptó euros para la carrera: 20 euros por llevarnos al hotel Andels, que está al lado de la galeria comercial. Curiosamente, el zloty está más o menos como el leu: 1 euro, 3.7 zlotys.
El hotel era precioso: un cuatro estrellas en el centro de la ciudad. Lleva abierto desde mayo de 2007, y está decorado en grises, naranjas y rojos. La alfombra de la habitación era todo un lujo para mis pies. Mi habitación tenia vistas a una plaza, que por la noche era preciosa, con las farolas encendidas. Teniamos desayuno, un buffet libre bastante bueno, aunque el café sabía un poco raro. El trato excelente, y tienen la politica de “toalla en el suelo significa lavar, toalla colocada significa reutilizar”, que me encanta.
Era un viaje de trabajo, así que no tuve mucho tiempo para turistear, pero si que pude ver algunas cosas: la Plaza del Mercado, que es una de las plazas mas bonitas que he visto y la más grande de Europa. También está la torre del Ayuntamiento, que es impresionante, y el mercado de telas, un edificio precioso y muy representativo de la ciudad.
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Lo que más me gustó fue la Iglesia de Santa Maria. Es una Iglesia gótica, preciosa, y que tiene leyenda incorporada. Me gustan las cosas con leyendas. Resulta que tiene dos torres, una mas alta que otra. Al parecer, dos hermanos competian por ver quien construia la torre mas alta. Al final, uno mató al otro, para asegurarse la victoria. Pero luego sintió remordimientos y se tiró desde la torre.
El centro de Cracovia es patrimonio mundial, declarado por Unesco. Y junto con Varsovia, es la ciudad que mas turistas recibe.
La gastronomia es también muy buena. Son tipicas las salchichas (parecidas a las que vi en Rumania, larguisimas y delgaditas, ahumadas) y también hay un plato tipico con jabalí. Comen mucha carne, se nota que los astrohúngaros pasaron por aqui.
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Como ahora dependen de mi varios paises, y Rumania ya me lo conozco muy bien, mañana salgo para Cracovial, que está al sur de Polonia, donde limita Eslovaquia. Yo nunca he estado en Polonia, así que estoy como un flan: voy a conocer a mi equipo, formalmente como equipo (que divertido), y voy a estar en un país nuevo: Polonia. Otra chincheta más para mi mapa del mundo!
Llevo dos años y algo en mi empresa, y la verdad es que cuando camino por los pasillos me siento como en casa. No es solo porque mis compañeros son agradables conmigo, también es porque (lo admito) paso mas horas aquí que en mi casa. De hecho, formalmente no tengo casa: vivo con Cereal en una caja de cereales. Asi que mi casa ¿es mi trabajo?
Peces sonrientes, que dicen “Sigue Nadando”. En la peli de “Buscando a Nemo”, Dori, el pez sin memoria, le decía al padre de Nemo “sigue nadando, sigue nadando” cuando él ya no podía más e iba a abandonar la búsqueda de su hijo.




Como hasta hace bien poco yo vivía en Rumanía (de hecho muchas veces cometo errores inconscientes y digo “vivo en Rumania”, además de que os prometo que me he encontrado con todos los rumanos de Madrid, y por supuesto, no me resisto a hablarles), no tuve vacaciones de Semana Santa.
veces). Por el otro lado, Cereal estaba tirándose de los pelos porque no tenía con quién viajar en el puente de mayo y eso le obligaba a quedarse en casa (Cereal es un poco tímido y no quiere viajar solo). Como ya fuimos juntos a Viena y descubrimos que podemos hacer turismo juntos, porque llevamos un rollo muy similar, decidimos ir a Roma. Luego cambiamos, y queriamos ir a Dubrovnik. Luego volvimos a Roma, para decidir que lo mejor era Egipto. Pero entonces descubrimos que “Gambia existe” (casi como Teruel). Asi que al final, nos vamos a Londres, estaba claro.

Easyjet , por solo 70 euros, me permitió acercarme este fin de semana a Asturias, para ver a mi familia. Desde febrero o así no había venido a Asturias, y mi madre tenía ganas de verme después de la Bucarest experience. Como es lógico, ella está encantada de que ya vuelva a estar en España, y se le llena la boca diciendo “Madrid está aqui al lado, si te pasa cualquier cosa en nada llego y hablan español, así que me puedo entender con los médicos perfectamente“. No sé por qué mi madre piensa que si me pasa cualquier cosa va a ser un asunto médico. A veces me dan ganas de decirle: “mamá, y ¿no acudirías a mi llamada si fuera un caso claro de corazóon roto?“. De todas formas, mi familia no es muy Hollywoodiense… (aunque estemos enganchadas a Mujeres Desesperadas!), asi que si se me partiera el corazón, mi madre me miraría extrañadísima y me diría: “¿pero estas tonta o qué?“
El vuelo transcurrió sin incidentes. Me puse la canción de “Asturias” de Melendi en modo “repeat” y miré por la ventanilla. Qué bonita es mi tierra. Que pena que no tenga trabajo para mi. No me lo pensaría ni media vez, volver a casa. Que verdor, que montañas. Llueve. Siempre llueve. Y yo lloro, siempre lloro. Es mi rutina de llegar e irme de Asturias. Si no lloras, no es lo mismo.
El albariño nos dió calorcito y la comida estaba muy buena: ¡qué ricas las tostas de foie con manzana! ¡Y esas croquetas! Nos reimos muchísimo, nos sacamos fotos desde todos los planos posibles y ¡me dieron mis regalos de cumple! retrasados hasta ayer por la Bucarest Experience. Este año se han lucido más que nunca: Un bolso setentero, un reloj elegante pero bonito para ir a la oficina y un pañuelo en color verdeazulado con dibujitos en un dorado envejecido.
Con uno de los lazos del regalo, se nos ocurrió la gran idea de establecer la Condecoración al Chico Mas Atractivo de la Noche. Así conocimos a Chechu, que en verdad se llama Jesus (que no Chehus, como apunté yo). Chechu tenía unos pectorales bastante bien puestos y era bastante chenchual, pero finalmente no se llevó el premio. Después de unos cuantos bailoteos decidimos que no condecorabamos a nadie: los que eran atractivos eran los tipicos tios en versión “chulito de playa” y los demás no se la merecían.
De todas formas, mi familia está cambiando, hay cosas nuevas que aparecen, cosas viejas que reaparecen y tenemos que estar en modo piña ON para que pase lo que pase nada nos afecte. Y es que, hace algún tiempo fui bohemia y renegué, pero me doy cuenta de que tengo grandes inclinaciones familiares. Es una forma de amar, diferente a la amistad o al amor de pareja, que me gusta.